Ahora, los investigadores del Monell Chemical Senses Center en Filadelfia descubrieron que una enzima en la saliva, llamada amilasa, que transforma el almidón en lÃquido, podrÃa jugar un rol fundamental en la determinación del atractivo de varias texturas de comida. Un nuevo estudio genético muestra que la gente produce cantidades sorprendentemente diferentes de amilasa, y que cuanto mayor sea la cantidad de esta enzima que la gente tenga en su boca, más rápido podrán volver lÃquidos alimentos con almidón.Los cientÃficos piensan que este descubrimiento podrÃa ayudar a explicar la razón por la que la gente experimenta los alimentos como cremosos o viscosos, pegajosos o acuosos, y que esa percepción podrÃa afectar nuestras preferencias por determinadas comidas. Los numerosos alimentos que contienen almidón, incluyendo los budines o las salsas, pueden tener buen sabor para algunas personas y en cambio parecerles a otros demasiado caldosos o demasiado firmes porque estas personas producen cantidades diferentes de la enzima.
Estudios muestran que la gente tiene preferencia por las sensaciones cremosas asà como por los alimentos que cuando se prueban son sólidos y se derriten en la boca, como los chocolates o el helado.
La capacidad de deshacer el almidón con rapidez, que es un tipo de carbohidrato, es solamente una parte del rompecabezas que determina qué es lo que le gusta comer a la gente. Las preferencias de sabores se rigen por una complicada interacción entre las papilas gustativas y otros receptores en la boca y la nariz, y los mensajes que envÃan al cerebro. La cultura juega un rol, ya que la gente tiende a gustar de los alimentos que le son familiares, dice Rick Mattes, un profesor de alimentación y nutrición en la Universidad Purdue, en West Lafayette, estado de Indiana. Y a veces la repetición puede ganar: a muchas personas les gustan las ostras inicialmente debido a su textura viscosa, por ejemplo, pero pueden terminar disfrutándolas después de comerlas varias veces.
"Todos hemos tenido la experiencia de que nos haya gustado un alimento que otros se quejan de que es demasiado pegajoso, o resbaladizo, o arenoso o pulposo", afirma Paul Breslin, un investigador del centro Monell y profesor de la Universidad Rutgers en New Brunswick, estado de Nueva Jersey. "Por eso es que una determinada lÃnea de productos a menudo viene con diferentes texturas", como ocurre con el jugo de naranja que viene con y sin pulpa, explica.
El almidón está presente en o es agregado a alrededor del 60% de los alimentos que la gente come tÃpicamente, asà que determinar cómo es digerido es fundamental para entender las preferencias con respecto a las texturas de la comida, sostienen los cientÃficos de Monell. Otras investigaciones han mostrado que la gente tiene preferencia por las sensaciones cremosas asà como por los alimentos que cuando se prueban son sólidos y se derriten en la boca, como los helados y los chocolates, señala Breslin, quien comenzó su estudio actual a raÃz de su interés por lo cremoso. La amilasa también podrÃa ayudar a explicar las preferencias individuales por diferentes marcas de helados o yogures, por ejemplo, porque contienen diferentes cantidades de almidón agregado.
En su trabajo reciente, los investigadores de Monell hicieron que 73 adultos moviesen dentro de su boca soluciones hechas con diferentes cantidades de almidón —glóbulos de sustancias traslúcidas gelatinosas sin ningún sabor en particular— y calificaran su acuosidad en 60 segundos. Dependiendo de la cantidad de amilasa que los individuos produjeran, el almidón podÃa ser reducido a lÃquido en cuestión de segundos.
Los investigadores también tomaron muestras de ADN de los participantes de una muestra de sangre o al pasar un hisopo por la mejilla. Estudiaron la relación entre la cantidad de copias de un gen que activa la producción de amilasa y cuán rápido el participante decÃa que la muestra se volvÃa lÃquida. Las conclusiones mostraron que el número de copias del gen, llamado AMY1, cambiaba sustancialmente según cada individuo. La gente con mayor cantidad de genes decÃa que el almidón se volvÃa lÃquido más rápido. El estudio fue publicado el mes pasado en Plos ONE, una revista de la Public Library of Science.
Los investigadores de Monell ahora investigan si las personas con más copias de AMY1 experimentan mayores incrementos en la glucosa de la sangre luego de comer. También planean estudiar el vÃnculo entre una mayor producción de amilasa y las preferencias alimentarias, planteando la hipótesis de que la gente que produce más enzimas preferirá alimentos almidonados porque obtiene un mayor incremento de glucosa en su flujo sanguÃneo.
El rol de la amilasa y el nivel de ruptura del almidón también tienen implicancias para la diabetes. La gente que digiere el almidón más rápidamente podrÃa tener mayor probabilidad de registrar mayores incrementos en los niveles de azúcar en sangre y por lo tanto su cuerpo necesitarÃa generar más insulina. Esta continua demanda del cuerpo podrÃa llevar a esta gente a volverse resistente a la insulina o incluso diabética si su capacidad de producirla se reduce, afirma Abigail Mandel, colega de Bresiln en Monell y autora principal del estudio.
Publicado originalmente en Wall Street Journal (EEUU)