Bajo el signo de la simetrÃa y la belleza se ha concedido este año el Premio Nobel de FÃsica a tres teóricos de partÃculas, Yoichiro Nambu, Makoto Kobayashi y Toshihide Maskawa. Y también bajo la interrogante e inquietante sombra de una omisión.
¿Qué es una simetrÃa? Una transformación que deja algo igual o equivalente al original. Por ejemplo, los dos lados de una cara son geométricamente simétricos. El número 8 es simétrico bajo reflexión en un espejo: su imagen y la reflejada son idénticas. Si se gira 60 grados un copo de nieve, parecerá exactamente igual que antes del giro.
A veces las simetrÃas no son evidentes, están escondidas. Un ejemplo es el de una pelota en la cima de una colina. Está en un estado claramente simétrico respecto a las posibles direcciones de caÃda. Pero la menor perturbación la hará rodar, y si cuando la encontramos ya está abajo, quizás no nos demos cuenta de que todas las direcciones son equivalentes.
Bajo el aparente caos y arbitrariedad de la naturaleza, se esconden también simetrÃas. Sencillas y fascinantes simetrÃas que rigen las fuerzas del cosmos al nivel más fundamental. No necesariamente saltan a la vista. Nambu se dio cuenta de que algunas fuerzas que actúan sobre las partÃculas elementales podrÃan obedecer a simetrÃas exactas, pero ocultas: bellas simetrÃas escondidas que se conocen por el inapropiado nombre de espontáneamente rotas.
Nambu ideó un mecanismo de ocultación de simetrÃas que ha resultado esencial en el entendimiento del microcosmos, y más concretamente en la construcción del Modelo Estándar de fÃsica de partÃculas. Su aplicación más impactante permite que las partÃculas portadoras de fuerzas puedan tener masas muy diferentes y, sin embargo, ser equivalentes e intercambiables gracias a la simetrÃa exacta subyacente. Las diferencias de masa sencillamente eclipsan la simetrÃa. Por ejemplo, las fuerzas electromagnética y débil (cuya vertiente más conocida es la radiactividad) han sido identificadas como debidas al mismo fenómeno de base, a la misma simetrÃa, a pesar de que sus respectivas partÃculas portadoras tienen masas muy diferentes y, por tanto, alcance muy diferente.
También la popular partÃcula de Higgs, esencial en el origen de la masa de todo lo visible y objetivo del acelerador LHC del CERN (Laboratorio Europeo de FÃsica de PartÃculas, junto a Ginebra), basa su esperada existencia en una aplicación del mecanismo premiado.
Nambu, japonés nacionalizado estadounidense, ha hecho otras contribuciones espectaculares a la fÃsica teórica. Sobresale como una figura de inmensa talla cientÃfica y es el suyo un Premio Nobel indiscutible y pendiente desde hace muchos años.
La otra mitad del premio señala los soberbios trabajos de los cientÃficos japoneses Kobayashi y Maskawa sobre otra fascinante simetrÃa, ésta rota de verdad, que relaciona materia con antimateria y se apoya en la existencia de una tercera familia de partÃculas elementales. Toda la materia del universo visible está hecha de un pequeño kit básico de partÃculas-Lego, dos de las cuales son quarks. A ese kit básico se le llama primera familia. Sin embargo, en colisiones de alta energÃa se producen dos réplicas más pesadas de ese kit.
Kobayashi y Maskawa fueron quienes propusieron la existencia de la tercera familia réplica, luego confirmada experimentalmente. Además, señalaron que con tres familias en el seno del Modelo Estándar se podÃa violar una cierta simetrÃa llamada CP. CP relaciona materia con antimateria, o si se prefiere cada partÃcula con su antipartÃcula.
Materia y antimateria se comportan casi igual, pero no del todo. Una partÃcula y su antipartÃcula tienen la misma masa pero carga opuesta. Obviamente, el mundo que nos rodea está hecho de materia, no de antimateria, y fue pues muy bienvenido el que la teorÃa que pretende explicar las interacciones básicas reflejara esa asimetrÃa ya a nivel microscópico, en su mismo esqueleto.
Los experimentos realizados en laboratorio sobre violación de CP confirman el mecanismo premiado. Lo que sin embargo no ha explicado ese mecanismo es la asimetrÃa materia-antimateria observada en el mundo macroscópico, es decir, cómo es que no hay traza alguna de antimateria tras la evolución cosmológica del universo posterior al Big Bang, cuando tanto en rayos cósmicos como en nuestros laboratorios producimos con facilidad tanta antimateria como materia. Es éste uno de los grandes misterios cientÃficos que aguardan resolución. El trabajo de Kobayashi y Maskawa, aunque no lo explica, sirve de guÃa en tal búsqueda.
Todo ello está muy bien... si no fuera porque el mecanismo se conoce en la comunidad cientÃfica por mecanismo CKM, acrónimo de Cabibbo-Kobayashi-Maskawa. Al conocerse la noticia del Nobel para Kobayashi y Maskawa, la reacción tÃpica de los colegas ha sido "Ah, ¡qué bien! ¡qué bien!... pero [mirada perpleja]... ¿y Cabibbo?".
Nicola Cabibbo es un gran fÃsico italiano al que se atribuye la paternidad última del mecanismo. Allá por los años sesenta reinaba el caos en el entendimiento de las desintegraciones de muchas partÃculas. El tiempo y los productos de desintegración variaban mucho y de modo extraño. En medio de aquel marasmo, Cabibbo supo ver una increÃble regularidad: que actuaba una única fuerza, la débil o radiactiva, y por tanto una única intensidad, pero los quarks sólo participaban combinados en mezclas particulares, en cócteles de quarks de masas diferentes. HabÃa nacido el concepto de mezcla de familias.
Kobayashi y Maskawa sencillamente generalizaron esa idea de mezcla de Cabibbo de dos a tres familias: la tercera tiene que mezclarse con las otras dos para que haya violación de CP. Asà pues, aun celebrando la muy acertada atribución del Premio Nobel a Kobayashi y Maskawa, hay una triste perplejidad por la omisión de Cabibbo. Se dirÃa que también algo de asimetrÃa parece haber permeado esta elección.
El comité Nobel ha significado, pues, este año trabajos teóricos fundamentales para identificar las simetrÃas, exactas o rotas, que describen el orden escondido de la naturaleza. Ellas son clave en la búsqueda del origen de la masa de todo el universo visible y de las mezclas entre sus constituyentes. Tal es el reto presente en fÃsica de partÃculas. El paso siguiente podrÃa ser el descubrimiento de la partÃcula de Higgs en el LHC. Sospechamos que tras él nos aguardan nuevas simetrÃas apasionantes.
Belén Gavela es catedrática de FÃsica Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid.
Publicado originalmente en El PaÃs (España)