Noticia completa en Diario de Yucatán (México)
Jeff Bada, científico del Instituto Scripps de Oceanografía, ha pasado la mayor parte de su vida en busca de vida, o cuando menos de los bloques elementales para formarla. Como prominente investigador de aminoácidos —lo que Bada llama el ingrediente clave del “caldo primario” de la vida—, él ha estudiado muestras tomadas de frías profundidades del Océano Pacífico, las calientes arenas de algunos desiertos sudamericanos, e incluso de meteoritos que lograron abrirse paso hasta la Tierra.
Así que cuando la raza humana empezó a lanzar naves espaciales a Marte para intentar precisar si el planeta rojo podía albergar vida, Bada tuvo una idea.
“He analizado aminoácidos en todo lo imaginable en esta Tierra, así que empecé a pensar, ¿cómo lo hago en Marte?”, relató.
El 8 de enero, la NASA coincidió en que se trataba de una causa que valía la pena. Al químico de la Marina le otorgaron una asignación por 750,000 dólares para que empiece a construir un aparato que examine la tierra y rocas marcianas en busca de aminoácidos, para luego transmitir sus hallazgos de vuelta a la Tierra.