“La mayoría de las personas son otras. Sus pensamientos son las opiniones de otros; sus vidas, una imitación; sus pasiones una cita”, dijo
Oscar Wilde. La enigmática afirmación es rescatada por el
Nobel de Economía Amartya Sen en “Identidad y violencia”, un trabajo en el que sostiene que muchas de las atrocidades cometidas en los violentos conflictos internacionales sólo obedecen a la
“ilusión de una identidad única que no permite elección”. En efecto, Amartya Sen considera que si bien la idea de identidad recibe una admiración amplia y generalizada, desde la afirmación popular de amar al prójimo hasta las grandes teorías del capital social, “también puede matar, y matar desenfrenadamente”.
“Una importante fuente de conflictos potenciales en el mundo contemporáneo es la suposición de que la gente puede ser categorizada únicamente según la religión o la cultura”, señala. El mundo es visto cada vez más como una federación de religiones o civilizaciones, por lo que se hace caso omiso de todas las otras maneras en que las personas se ven a sí mismas. De esta manera, se ignoran otras identidades propias de los individuos como el género, la profesión, el idioma, la ciencia, la moral y la política.
“La violencia – agrega – se fomenta mediante la imposición de identidades singulares y beligerantes en gente crédula, embanderada detrás de eximios artífices del terror”.