El estudio detectó a través de las imágenes proporcionadas por los satélites al menos mil icebergs, algunos de ellos de decenas de kilómetros de diámetro, sobre una superficie de unos 12.500 kilómetros cuadrados.
En esos témpanos pululan, sobre un radio de más de 4 kilómetros, grandes comunidades de aves marinas que les sobrevuelan y todo un mundo de clorofila, fitopláncton, peces y krill.
Dióxido de carbono
Los icebergs albergan material terrestre que van liberando en el mar a medida que se derriten como resultado del aumento de la temperatura marina en su aproximación a latitudes más altas. Un resultado de ese proceso ha sido un aumento de casi un 40% en lo que los científicos califican como «productividad biológica» en la zona del mar de Weddell, un brazo del océano Atlántico que se incrusta en el continente antártico al sudeste del Cabo de Hornos. Un resultado de esta mayor «productividad» biológica es que los icebergs pueden absorber una cantidad importante del dióxido de carbono, el principal factor del calentamiento global.
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