Pianista, titulado en Música de Cámara e ingeniero técnico informático, Francisco Vila introdujo en el Conservatorio Superior de Música de Badajoz la Informática Musical como asignatura a mediados de la década de los 90. Apasionado del software libre, explica que la aplicación del ordenador al mundo de la música es tan antigua como el propio ordenador y, que ofrece posibilidades que un músico debe explotar al máximo. La Informática Musical no es todavía muy usual en los conservatorios españoles y eso convierte a estos profesores en una especie de pioneros en el desarrollo del currículum de la asignatura. Es una enseñanza con una tradición aún por crear, pero a la que posibilidades como la del software libre confieren un potencial ilimitado.
-Informática Musical es una asignatura optativa pero, ¿no debería ser obligatoria ante la importancia del ordenador para la enseñanza y los profesionales?
-Podría serlo, pero corren aires de reducción de contenidos y se tiende a que el alumno vaya escogiendo sus optativas. Y se trata de una asignatura popular porque muchos alumnos la cogen y, de hecho, es prácticamente obligatoria.
-Parece lógico, porque si quieres estudiar Historia tienes primero que aprender a leer.
-Pero un músico que sólo vaya al conservatoria para ser intérprete no necesita la informática musical, que potencia o multiplica el poder del creador, pero no precisamente del intérprete. Más bien del compositor, el arreglista o el tipógrafo musical.
-¿En qué sentido potencia ese poder?¿Da más facilidades?
-Claro, porque igual que manejamos textos en el ordenador podemos manejar música. El 90% de la música que se oye en la radio está hecha por ordenador porque es tremendamente fácil manejar la música de forma visual, como pequeños rectángulos que se copian y pegan igual que si fueran texto. Los estudios lo utilizan por pura conveniencia económica, porque pueden hacer arreglos de calidad. Y nosotros lo acercamos a los alumnos del conservatorio que no son los que tradicionalmente se han acercado a la informática, porque solían centrarse más en su instrumento y no eran como el aficionado que en su estudio se ponía a hacer música.
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