Ante el inminente agotamiento del petróleo y la creciente acumulación de residuos de plástico en el Planeta, imaginar un material alternativo que no utilice ese combustible fósil y que sea degradable por microorganismos del ambiente suena bastante bien.
Pero si además se afirmara que ese plástico es fabricado a partir de un recurso renovable que actualmente representa una amenaza ambiental y con un costo energético menor que el de la industria petroquímica, alguien podría pensar que se está haciendo ciencia ficción.
Sin embargo, esto ya es parte de la realidad: "Modificamos bacterias para que produzcan bioplásticos con muy baja aireación, lo que resulta en un ahorro significativo de energía", dice la doctora Beatriz Méndez, profesora del Departamento de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la UBA e investigadora del Conicet, institución que patentó el hallazgo. Y luego completa: "En el proceso utilizamos como materia prima el glicerol, un residuo de la elaboración del biodiésel que contamina el medio ambiente".
Científicos de distintas partes del mundo han puesto a trabajar a las bacterias en la producción de polihidroxialcanoatos (PHAs), moléculas que, por sus propiedades físicas y químicas, son consideradas sustitutos posibles de los plásticos convencionales. Además, estos nuevos materiales son biodegradables, es decir, pueden ser destruidos por la acción de microorganismos.
Así como las grasas constituyen nuestra reserva de energía cuando falta el alimento, en varios tipos de bacterias los PHAs sirven de depósito energético como una estrategia para sobrevivir a los cambios ambientales. Así, cuando en el entorno próximo al microbio escasea algún nutriente esencial -como el nitrógeno, el azufre o los fosfatos-, pero hay carbono disponible, la célula lo incorpora, sintetiza PHAs, y los acumula en forma de gránulos intracelulares para utilizarlos como fuente de energía cuando es necesario.
Determinar las diferentes condiciones en las que una bacteria fabrica PHAs brinda el conocimiento necesario para optimizar los métodos de producción de este compuesto. Pero, hasta ahora, la ciencia enfrentaba una dificultad: "Los procesos que se utilizan actualmente para la síntesis de PHAs gastan más energía eléctrica que la que producen los recursos fósiles que se quiere reemplazar. Por lo tanto, aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero", explica Méndez.
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