Los anillos de Saturno están formados por infinidad de fragmentos de hielo y roca, algunos más pequeños que un grano de arena y otros del tamaño de una casa, pero los científicos aún no están de acuerdo sobre su procedencia.
Unos dicen que se formaron al mismo tiempo, y procedentes del mismo material, que dio origen al planeta. Otros aseguran que proceden de grandes lunas que, tras ser destruidas, dejaron orbitando sus restos alrededor de este gigante gaseoso. Los nuevos resultados de la sonda "Cassini", de la NASA, apoyan esta última versión.
Al menos un antiguo satélite natural de Saturno, según publica en su última edición la revista "Nature", ha contribuido a formar el más exterior de los siete anillos que adornan el planeta.
En realidad, la nave espacial no ha obtenido imágenes directas de estos fragmentos, sino de unas irregularidades ondulatorias –en otras palabras, unos agujeros en la estructura del anillo- que tienen forma de hélice y que serían, según los expertos, la estela dejada por los pedazos de luna rota a su paso por la órbita de Saturno. Estas rocas, a juzgar por la huella que dejan, tendrían un diámetro de unos 100 metros, tal y como predice la teoría de que proceden de una colisión y no comparten origen con Saturno.
«Probablemente hubo una gran luna, de al menos 32 kilómetros de diámetro o mayor, orbitando en aquel lugar», explica el astrónomo Miodrag Sremcevic, de la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU).
Noticia completa en El Mundo (España)