El injerto de células genéticamente modificadas puede reducir el riesgo de muerte súbita en los pacientes que han sufrido un ataque cardiaco, según un estudio publicado por la revista Nature.
Alrededor del 15% de los pacientes que sufren un infarto mueren súbitamente durante los tres años siguientes al ataque, frecuentemente por una perturbación del ritmo cardiaco irregular y rápido, llamada "taquicardia ventricular", según el responsable del estudio, Bernd Fleischmann, de la Universidad de Bonn (Alemania). Este problema causa entre 60.000 y 80.000 muertes anuales en Alemania.
El injerto de células se ha experimentado hasta ahora en ratones. El injerto de células cardiacas (llamadas cardiomiocitos) embrionarias en el corazón de los roedores tras sufrir un infarto permitió reducir los casos de muertes súbitas posteriores. En cambio, los ratones a los que no se les aplicó esta técnica no sobrevivieron a las pruebas en las que se les provocó artificialmente anomalías del ritmo cardiaco.
Los especialistas ya han tratado de reparar los tejidos cardiacos dañados por un infarto con células, especialmente las procedentes de un músculo de la pierna del propio paciente, pero se han encontrado con problemas derivados del ritmo cardiaco.
A diferencia de los cardiomiocitos, estas células no tienen la actividad eléctrica específica del corazón, que posee su propio estimulador eléctrico natural para mantener y adaptar el ritmo de sus latidos según las necesidades del cuerpo. Esta diferencia se debe a la gran presencia de una proteína, la "conexina 43", en las células cardiacas.
Los investigadores han modificado genéticamente células de músculos ordinarios con el fin de que puedan producir esta proteína. Estas células injertadas, en los ratones, tienen tan buenos resultados como las células cardiacas embrionarias. No obstante, antes de considerar la aplicación de este tratamiento en los humanos, deberá probarse la inocuidad del proceso de modificación genética.
La profesora Patricia Lemarchand (del Instituto Nacional de Salud y de Investigación Médica de Francia) aseguró, por su parte, a la AFP no haber encontrado "problemas del ritmo cardiaco con las células de la médula ósea" inyectadas sobre pacientes tras un infarto, en el marco de otro ensayo.
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