Las terapias convencionales contra distintos tipos de cáncer, como la quimioterapia o en algunos casos la radioterapia, suelen causar también daños en los tejidos sanos.
Por ese motivo, científicos de todo el mundo realizan investigaciones para diseñar tratamientos que logren acabar con los tumores sin afectar a las células sanas. Un equipo de científicos del Centro Oncológico M.D. Anderson de la Universidad de Texas, y de la Universidad Rice, en los Estados Unidos, dio un paso en esa dirección. Los investigadores, encabezados por Steven Curley, profesor del Departamento de Oncología Quirúrgica del citado centro, lograron destruir tumores desarrollados en el hígado de conejos con escasos efectos secundarios. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica Cancer.
Para lograrlo, emplearon un generador de ondas de radio y nanotubos de carbono, que son estructuras de forma tubular de un diámetro de pocos nanómetros. Un nanómetro equivale a la mil millonésima parte de un metro y es la escala de medida con la que se trabaja en nanotecnología, una ciencia que estudia y manipula la materia a nivel atómico.
Los investigadores inyectaron una solución que contenía nanotubos en tumores localizados en los hígados de esos animales, logrando que esas diminutas estructuras ingresaran al interior de las células cancerosas. Posteriormente dirigieron ondas de radio que calentaron a los nanotubos a tal punto que el calor emanado desencadenó la destrucción de los tumores.
Según Curley los resultados fueron exitosos, sin embargo, la técnica debe ser mejorada. Algunos nanotubos se filtraron por fuera del tumor a una distancia de 2 a 5 milímetros y dañaron tejido sano adyacente.
“Estos son resultados preclínicos prometedores para el tratamiento de cáncer de hígado”, señala Curley y agrega: “Nuestro próximo paso consiste en estudiar técnicas que nos permitan dirigir nanotubos con más precisión al blanco, es decir, que sean absorbidos por las células del tumor y eviten por completo al tejido sano”.
Una de las alternativas consideradas por los expertos sería unir los nanotubos a unos anticuerpos que pudiesen identificar las proteínas de las células cancerosas. Esos anticuerpos actuarían como un radar que permitiría que los nanotubos se dirijan únicamente a las células blanco. Pero para llegar a esa etapa, es necesario que se realicen más investigaciones.
Basándose en los resultados obtenidos, Curley cree que en tres o cuatro años podrían realizarse ensayos clínicos en humanos. Sin embargo, hay varios temas que deben ser resueltos para que eso suceda. En verdad, hasta la fecha no se sabe a ciencia cierta qué tipo de daños a la salud pueden causar los nanotubos de carbono.
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