Este descubrimiento es fruto del proyecto EuroHear, financiado por el área temática de «Ciencias de la vida, genómica y biotecnologÃa para la salud» del Sexto Programa Marco (6PM).
La cóclea es la parte del oÃdo responsable de captar, amplificar y filtrar sonidos antes de transmitirlos al cerebro para su interpretación. El enmascaramiento, por el que se seleccionan los sonidos pertinentes del ruido ambiente, es fundamental para el proceso de audición, ya que posibilita la comprensión del habla. Este efecto de enmascaramiento sonoro es posible gracias a unas distorsiones producidas en la cóclea que permiten centrarse en unos tonos en detrimento de otros.
Estas distorsiones son audibles en el conducto auditivo y pueden detectarse con facilidad con un micrófono del tamaño de un audÃfono. Asà es como un médico puede evaluar la audición de un recién nacido. Los autores del susodicho estudio, que se ha publicado en la revista Nature, se proponÃan averiguar la base molecular de estas distorsiones tan beneficiosas.
La cóclea alberga dos tipos de células receptoras sensoriales: las células ciliadas internas y externas. Las células ciliadas externas amplifican y afinan el sonido, mientras que las internas se encargan de transmitir la información al cerebro. Las externas albergan los estereocilios, unas microvellosidades que oscilan en respuesta a las ondas sonoras. Estas oscilaciones inician una serie de reacciones que generan un impulso nervioso y cumplen una importante función por lo que a generar las distorsiones se refiere.
Los estereocilios están dispuestos en tres filas de altura creciente y están unidos en sus puntas por unos enlaces y conectores. Existe una proteÃna denominada estereocilina que está asociada con uno de estos últimos: un conector similar a una cremallera que une las puntas de los estereocilios de la misma fila y de las filas adyacentes.
Noticia completa en Cordis