La investigación, dirigida por Martin Stolz, podría conducir al desarrollo de una herramienta artroscópica mínimamente invasiva para la práctica clínica que permitiría que los tratamientos comenzaran a aplicarse mucho antes.
La osteoartritis, una enfermedad de las articulaciones degenerativa y debilitante prevalente entre las personas mayores, comienza a escala molecular y progresivamente se extiende a la arquitectura superior del cartílago. El dolor está causado por el desgaste del cartílago que amortigua las articulaciones y por una disminución en el fluido que suele mantenerlas lubricadas. En la actualidad no existe cura para la enfermedad.
El microscopio de fuerza atómica funciona al golpear ligeramente la superficie de un material con una punta afilada y registrar los cambios en el desplazamiento de la punta, lo que se corresponde con la rigidez. El cartílago en los ratones osteoartríticos y normales de edad avanzada está rígido y tiene fibras cartilaginosas más gruesas.
Además, lo investigadores señalan que los cambios en el cartílago se observaron al mes de comenzar utilizando las nanopuntas, mientras que los métodos de rutina y las puntas de mayor tamaño no mostraron ningún daño hasta pasados seis meses. El método podría también distinguir los diferentes grados de cartílago obtenido de pacientes que pasan por reemplazos de cadera o rodilla.
Noticia publicada en Ecodiario (España)