El equipo cientÃfico, dirigido por Mark Swain, ha demostrado por primera vez que las células inmunológicas pueden infiltrarse en el cerebro. De esta manera, explican, se establece una vÃa de comunicación entre los órganos enfermos e inflamados y el sistema nervioso, que desencadenarÃa la aparición de sÃntomas como el cansancio y los cambios de comportamiento social en los individuos.
Los cuadros de dolencias crónicas inflamatorias tales como la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal, la psoriasis y la enfermedad hepática vienen acompañadas de fatiga, malestar general y pérdida del interés social del paciente.
Los cientÃficos se preguntaron cómo la inflamación en otros órganos del cuerpo podÃa tener un impacto en el cerebro, que es el encargado de desencadenar esos sÃntomas que empeoran la calidad de vida. Y para responder a esta cuestión, el equipo investigador estudió a ratones de laboratorio modificados para padecer inflamación en el hÃgado.
Para su sorpresa, descubrieron que un tipo de glóbulos blancos, los monocitos, se infiltraban en el cerebro: una vÃa de comunicación entre el hÃgado y el cerebro que descarta la extendida creencia de que las células inmunológicas no pueden traspasar la barrera sangre-cerebro. En primer lugar, los investigadores observaron que la inflamación del hÃgado provocó que unas células cerebrales, llamadas microglÃas, produjesen CCL2, un compuesto quÃmico que atrae a los monocitos al cerebro.
Al bloquear la acción de llamada del CCL2, consiguieron impedir la entrada de los monocitos al cerebro, a pesar de que la inflamación del hÃgado seguÃa existiendo.
Por otra parte, la inflamación del hÃgado también estimulaba que unas células cerebrales produjeran un compuesto inmunológico. Cuando los cientÃficos interrumpieron el efecto de ese compuesto, las microglÃas produjeron menor cantidad de CCL2 y los monocitos tampoco entraron en el cerebro. Aquellos ratones en los que las células inmunológicas no pasaron al cerebro presentaron mayor interacción social con otros animales y mayor movilidad.
Este hallazgo, indican los cientÃficos, indica que las personas con enfermedades inflamatorias crónicas pueden beneficiarse de los tratamientos que limiten el acceso de los monocitos al cerebro.
Noticia publicada en La Segunda (Chile)