Ingenieros del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han ideado un nuevo tipo de cohete que facilitará las operaciones de las naves espaciales. Según sus creadores, la nueva tecnología abaratará mucho este tipo de maniobra, ya que requiere diez veces menos combustible. Se trata de un cohete “no químico” que usa gas (que es convertido en plasma) para impulsar la nave.
Los satélites que orbitan alrededor de la tierra tienen que ser recolocados ligeramente para mantenerse en su lugar correcto. Ingenieros del MIT han desarrollado un nuevo tipo de cohete que podría facilitar esta operación y hacer que otras maniobras de las naves espaciales mucho menos costosas. Según sus creadores, esta tecnología sería de gran ayuda para las incipientes empresas privadas que están empezando a trabajar en el espacio.
El nuevo sistema, llamado Mini-Helicon Plasma Thruster, es mucho más pequeño que otros cohetes de este tipo y funciona gracias a gases más baratos que los propergoles convencionales. Como resultado, el consumo de combustible se reduciría diez veces para aplicaciones similares. Ese es el cálculo que hace Oleg Batishchev, que es el principal investigador del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica del MIT.
Los sistemas de propulsión actuales, usados para mantener los satélites en órbita, moverlos de una órbita hacia otra o, simplemente, para maniobrar en el espacio, se basan en reacciones químicas que ocurren dentro del propio combustible, generando la energía que, en última instancia, impulsa al objeto.
Aunque estos sistemas han llevado, por ejemplo, al hombre a la luna y son usados para múltiples aplicaciones, tienen muchas limitaciones. Por ejemplo, los cohetes que usan dichos elementos químicos son muy caros precisamente porque usan mucho combustible.
Como resultado, los ingenieros han ido desarrollando cohetes alternativos, no químicos. En ellos, una fuente de energía eléctrica es usada para acelerar el propergol que proporciona impulso para mover a la nave espacial a través del espacio.
Cohetes no químicos
Estos cohetes “no químicos” han sido usados con éxito por la Agencia Espacial Europea y la NASA, como por ejemplo en la misión Deep Space 1, en la que una sonda tenía que volar muy cerca de un cometa y de un asteroide.
Este campo de investigación es relativamente nuevo y está siendo muy estudiado por el MIT Space Propulsion Laboratory (SPL). “El Mini-Helicon es un gran ejemplo de estos pequeños propulsores que pueden funcionar con energía eléctrica externa en lugar de mediante elementos químicos”, comenta Manuel Martínez-Sánchez, que es director del SPL, en un comunicado.
El gran avance del Mini-Helicon es que es el primer cohete que funciona con nitrógeno, el gas más abundante en nuestra atmósfera.
Ha sido concebido con una aportación del astronauta físico Franklin Chang-Díaz, el cohete ScD 77. El equipo de Batishchev llevó a cabo un análisis teórico que demostró que la primera de las tres partes que componían ese cohete podría usarse potencialmente para otras aplicaciones.
Desde entonces, doce estudiantes del MIT han trabajado en el Mini-Helicon. Batishchev, apunta, sin embargo, que todavía tendrán que pasar años hasta que esta tecnología esté disponible comercialmente, en parte debido a las políticas de certificación de la NASA y otras agencias espaciales.
Noticia publicada en Tiempo Pyme (Argentina)