La reproducción consume tiempo y energías, y mezcla genes perfectamente buenos. Y las hembras, que realizan casi todo el trabajo de reproducción, sólo consiguen transmitir la mitad de su material genético. Por lo tanto, muchos científicos se han preguntado que ¿para qué preocuparse por el sexo?
Sin embargo, desde el punto de vista positivo, August Weismann, teórico del siglo XIX, propuso que la reproducción sexual ayudaba a acelerar la selección natural al permitir que los genes buenos se diseminen con más rapidez entre una población determinada, mientras que los genes malos pueden desaparecer antes. Esto hace que el sexo sea bueno para las especies y por lo tanto vale la pena el esfuerzo.
Aunque la teoría de Weismann ha sido aceptada en general, no ha sido fácil de demostrar en experimentos de laboratorio. Pero un equipo de científicos británicos ha conseguido demostrar la parte buena del sexo. Al menos en la levadura.
La levadura está compuesta por microorganismos que se reproducen de ambos modos: sexual y asexualmente.
Matthew Goddard y un equipo de científicos del Colegio Imperial de Londres obtuvieron dos versiones diferentes de una levadura que por lo demás sería idéntica: una que pudiera reproducirse de ambas formas y otras que pudiera hacerlo sólo por la vía asexual.
Los científicos hallaron que bajo condiciones normales, ambos tipos de levadura progresaban de la misma forma. Pero bajo condiciones extremas, la sexual lo hizo mejor.
"Nuestros estudios indican que la reproducción sexual puede aportar ventajas selectivas durante su adaptación a nuevos ambientes. Estos datos son coherentes con las ideas de Weismann", escribieron los científicos en la revista Nature. Pero agregaron que aún hay mucho por estudiar.
"El desafío ahora es comprender la naturaleza de las mutaciones que subyacen en la adaptación, y ampliar esas técnicas a plantas y animales de mayor tamaño", concluyeron.
Noticia publicada en Terra (España)