Nos dicen que existe un consenso cientÃfico en torno al cambio climático, cosa que no es cierta pero que toman como excusa para imponer todo tipo de restricciones a la industria y, si siguen asÃ, a todos los ciudadanos del mundo desarrollado. Sin embargo, donde sà que existe un consenso es en la nula peligrosidad de las antenas de telefonÃa móvil para la salud. ¿Qué más da? Lo que cuenta es que los ecologistas están en contra y que aprobando restricciones contra su uso demuestran su preocupación por nuestra salud.
La Eurocámara aprobó con 559 votos a favor, 22 en contra y 8 abstenciones un informe de la diputada "liberal" belga Frédérique Ries en el que, pese a reconocer que no existe ningún informe cientÃfico que concluya que las ondas emitidas por teléfonos y antenas sea perjudicial, no obstante considera que, en aplicación del "principio de precaución", hay que "garantizar al menos que las escuelas, guarderÃas, residencias de ancianos y centros de salud se sitúen a una distancia especÃfica, fijada de acuerdo con criterios cientÃficos, de este tipo de equipos".
Lo que no explica el informe es con qué "criterios cientÃficos" puede establecerse tal distancia, dado que no existen estudios que consideren dañinas esas ondas.
Las emisiones electromagnéticas se diferencian entre sà por la frecuencia; cuanto mayor sea, más peligrosas son para la salud. Las frecuencias empleadas por antenas y teléfonos es muy baja, ligeramente superior a las frecuencias de radio e inferior a las de mandos a distancia, que pese a no ser negativas para la salud, están más cerca de las frecuencias dañinas, como explica, por ejemplo, Jorge Alcalde.
Recientemente, los ecologistas llamaron a una movilización a las puertas del último congreso mundial de telefonÃa móvil de Barcelona para reclamar que los móviles sólo se usen en las emergencias. Como base de sus reclamaciones emplearon "estudios" del profesor sueco Olle Johansson, un indocumentado que afirma que las microondas son comparables a los rayos X o a las radiaciones gamma, que viene a ser como si se argumentara que un conejo y un tigre de Bengala suponen un riesgo comparable para el ser humano porque al fin y al cabo ambos son animales.
Noticia publicada en Libertad Digital (España)