Hasta ahora, se pensaba que el microorganismo estudiado era una especie de “eslabón perdido” entre el mundo de las bacterias o procariontes –sin núcleo, su información genética flota en el líquido celular o citoplasma–, y el de los animales y plantas, también conocidos como eucariontes –la información hereditaria se concentra en el núcleo–.
“El nucléolo que se acostumbra estudiar mide dos, tres o cuatro micras, como ocurre en las células de los humanos o las plantas; pero en el caso de la Giardia fue difícil encontrarlo, pues mide 0.2 ó 0.3 micras, un tamaño inusual para un nucléolo”. Cada micra corresponde a la fracción de un milímetro dividido mil veces, explicó en entrevista Luis Felipe Jiménez García, coordinador del grupo de investigadores.
El nucléolo es una pequeña región dentro del núcleo de las células eucariontes; en un microscopio se ve más oscura, parecida a un ovillo de estambre. Ahí, se construyen ribosomas con proteínas esenciales para la vida. Algunos lo han definido como una nanomáquina armadora.
Así, mediante el uso de microscopios ópticos y electrónicos, y la aplicación de pruebas de biología molecular, el equipo dirigido por Jiménez García reunió las pruebas que se publicaron en la edición de septiembre del International Journal for Parasitology.
En este descubrimiento contribuyeron, a través de una labor de 12 años, científicos y laboratorios, como Guadalupe Ortega-Pierres, que estudiaba a la Giardia duodenalis en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV); así como expertos del Instituto de Biotecnología de la UNAM y de los institutos nacionales de Pediatría, y Cancerología, y de la Universidad de Zurich, Suiza.
El microorganismo citado es un parásito que puede estar presente en el intestino de la mayoría de los seres humanos, se adhiere fuertemente con una especie de ventosa o disco, y provoca diarreas que pueden llegar a ser graves en niños menores a un año, Según fuentes de la UNAM.
Noticia publicada en Informador (México)