Los ecosistemas terrestres están siendo sometidos a un cambio ambiental global, que es difÃcil de analizar y predecir, debido a la multiplicidad de factores que lo afectan y a la propia naturaleza de los ecosistemas. Uno de los cambios de uso más importantes que se ha identificando a escala global es el que se denomina matorralización, es decir, el aumento de la cobertura de plantas leñosas (matorrales), donde hasta ahora el suelo se cubrÃa de manera exclusiva por formaciones herbáceas. Este fenómeno se viene observando desde hace más de un siglo en multitud de ecosistemas áridos y semiáridos en Estados Unidos, Australia, Argentina y Sudáfrica, asà como en ecosistemas árticos como la tundra.
Hasta ahora, el lugar donde más se ha estudiado este fenómeno ha sido en las zonas áridas y semiáridas del sudoeste de los Estados Unidos, donde antiguos pastizales se han convertido en matorrales a lo largo de los últimos 150 años. Ello sirvió para crear un modelo conceptual que establecÃa que el hecho de que crecieran matorrales en la zona de los ecosistemas semiáridos promovÃa una serie de cambios que implicaban la degradación y desertificación de estos ecosistemas. El modelo se constituyó como un paradigma universal y punto de referencia a la hora de establecer polÃticas de gestión de los recursos naturales en estas áreas. Muchos otros investigadores han estudiado el fenómeno en muchos sitios del planeta y han asociado matorralización con desertificación.
Investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos, la Universidad Pablo de Olavide y la Universidad de Jaén, encabezados por Fernando T. Maestre, han llevado a cabo ahora un estudio en el que advierten del riego que implica acatar el modelo estadounidense como universal. El área de estudio donde se ha centrado esta investigación consta de 13 parcelas distribuidas desde Guadalajara hasta Murcia. Se trata de zonas donde los niveles de precipitación son muy bajos (por lo que su cubierta vegetal no es del 100%) y donde predomina el esparto o atocha (Stipa tenacissima). Estos ecosistemas, conocidos como espartales, también experimentan cómo, poco a poco, los matorrales invaden parte de su terreno.
En este estudio se ha encontrado que, al contrario que lo observado en Estados Unidos, en el caso de los espartales la existencia de matorrales es positiva, puesto que favorece un aumento de la diversidad de plantas vasculares y lÃquenes del suelo, además de mejorar también el funcionamiento del ecosistema. Los resultados proporcionan una evidencia clara de que no parece que los espartales se desertifiquen por el mero hecho de experimentar una matorralización.
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