El myotragus, un tipo de cabra muy común en Baleares hace 5.200.000 años, tenÃa una fisiologÃa semejante a la de los reptiles, lo que, como ellos, le permitÃa ralentizar su metabolismo en épocas de «vacas flacas», como los inviernos duros, en los que hay poca comida, y perdurar durante mucho más tiempo que sus congéneres en el continente.
Sorprendentemente, el corte de sus huesos descubre unos anillos (como ocurre con los árboles) que revelan su edad hasta la madurez sexual. Es la primera vez que los cientÃficos comprueban semejante caracterÃstica en un mamÃfero. Nunca se habÃa visto nada igual. «Esas cualidades sólo se conocen en animales como los cocodrilos», admite Meike Kölher, investigadora del Instituto Catalán de PaleontologÃa y principal responsable del estudio, que se publica esta semana en la revista Proceedings of the national academy of sciences (PNAS).
Los paleontólogos iniciaron su estudio tras preguntarse cómo era posible que esta especie, parecida a la cabra y de 14 a 30 kilos de peso, cuyos restos se localizaron a principios del siglo XX, pudiera haber vivido en un área tan pequeña como una isla -lo que supone escasez de recursos- desde el Prioceno superior (hace cinco millones de años), hasta hace apenas 3.000 años, cuando se extinguió debido a la llegada del Hombre a su entorno. Entonces, simplemente, «nos los comimos», reconoce la investigadora. No les dimos tiempo a reproducirse.
Huesos con anillos
La respuesta a su larga supervivencia hasta la llegada del Hombre, según los cientÃficos, es que la cabra, como los reptiles, podÃa fluctuar su temperatura corporal y ajustar su metabolismo a las caracterÃsticas de las Baleares. «Como no habÃa depredadores, la población de myotragus crecÃa y la isla se llenó de estos animales», explica la experta. Los recursos eran limitados, asà que los animales reservaban energÃa y limitaban su crecimiento en los perÃodos en los que faltaba comida, como los inviernos. Por eso tenÃan un cerebro muy pequeño, -«la mitad de lo que le corresponde a un animal de su tamaño»-, un órgano que consume muchÃsimos recursos.
Los investigadores realizaron un análisis histiológico de los huesos del animal y comprobaron que se parecÃan mucho a los de un reptil. El corte del hueso muestra una serie de anillos que revela la edad y el desarrollo de la vida del animal, como ocurre con los árboles y es «tÃpico de los reptiles», dice Kölher. Pero en este caso, los anillos dejan de formarse cuando la cabra alcanza su madurez sexual, la edad de reproducción, que era a los doce años. «Esto es muchÃsimo, un caso muy raro en un bicho de ese tamaño, especialmente si tenemos en cuenta que la oveja doméstica entra en su vejez sexual a los seis años», explica la investigadora a ABC.es . «Sólo los orangutanes, chimpancés o animales grandes como el elefante empiezan a reproducirse tan tarde». Aunque se desconoce la longevidad exacta del animal, «si tenemos en cuenta su edad de reproducción, podÃa llegar a ser muy viejo».
Noticia publicada en ABC (España)