Para hacer una comparación más gráfica, equivaldrÃa al volumen que ocupan tres lavadoras de uso doméstico. El resto, es uranio, que no necesita especiales precauciones para almacenarse y que, además, puede aprovecharse como combustible para otros reactores. Este es el método que se usa en Francia y que España podrÃa plantearse utilizar en el futuro. O no. Porque para decidir qué se hace con estos elementos radioactivos, aún hay mucho tiempo, de momento, basta con almacenarlos. Asà de claro lo ve el catedrático excedente de FÃsica Atómica Nuclear, y profesor de investigación del CSIC, Juan José Gómez Cadenas.
Autor de «El ecologista nuclear» (Espasa-Calpe 2009) no ve ningún problema en el almacenamiento de los residuos que generan las centrales. Asegura que el combustible gastado, es casi todo útil. De las 30 toneladas necesarias para hacer funcionar una central durante un año, 28 son de uranio. Pueden obtenerse además 300 kilos de plutonio, un elemento fÃsil, que puede usarse directamente en reactores apropiados. El resto, una tonelada, es lo que se podrÃa compactar y reducir a tan solo un metro cúbico por central y año. «Esto implica que todos los residuos de alta actividad que producen las centrales nucleares españolas durante un año, podrÃan almacenarse, una vez se han enfriado, en un armario ropero».
Este experto afirma que estos almacenes deberÃan denominarse futuro depósito de combustible, ya que el uranio que constituye la mayorÃa del combustible usado, asà como el plutonio, puede aprovecharse.
Gómez Cadenas asiste perplejo al debate que ha generado la ubicación del almacén temporal centralizado de residuos nucleares (ATC). No entiende por qué los que están en contra de la energÃa nuclear, tampoco quieren que se abra una instalación de este tipo y afirma que no conoce a ningún cientÃfico que se oponga a estas infraestructuras.
Afirma que el ATC no supone riesgo para la población. «Para empezar, hay que insistir en un concepto. La radioactividad contenida en los residuos no se propaga por el aire». Los elementos que se guardarán en los ATC, estarán sobradamente protegidos. «Están encerrados dentro de unas pastillas de cerámica, que están dentro de unas varillas de circonio, rodeadas de un barril de acero empotrado en un sarcófago de hormigón armado. Cuando el combustible gastado se saca del reactor, emite calor y partÃculas de alta energÃa, que se detienen en las barreras citadas. Tanto el calor como la radioactividad disminuye con el paso del tiempo.
De ahÃ, que los elementos de combustible que se saquen ahora de las centrales, donde se encuentran guardados en piscinas de agua, están mucho más frÃos que al salir del reactor y, por tanto, son mucho más fáciles de manipular.
Noticia publicada en La Razón (España)