El mejor amigo del hombre (y de la mujer) no es el perro, sino la mosca. En concreto, una mosca más pequeña que una pepita de uva llamada Drosophila melanogaster. Este animal es el que más ha contribuido en el último siglo a estudiar el ADN, a entender la evolución y a probar fármacos. Pero nadie podÃa imaginar el horizonte que hoy se le está abriendo: los cientÃficos están trabajando para fabricar copias robóticas del versátil insecto, asà como también de abejas, mosquitos, langostas... Algunos de estos investigadores se reunieron en Sant Feliu de GuÃxols del 17 al 22 de octubre en un encuentro organizado por la Fundación Europea de la Ciencia (ESF) y la Organización Europea de BiologÃa Molecular (EMBO). Por ahora, los modelos más pequeños miden 10 centÃmetros y pesan 100 gramos.
«No queremos únicamente reproducir el comportamiento de un insecto, sino entender cómo funciona el pequeño cerebro que lo produce», explica Nicolas Franceschini, creador de autómatas del Centro Nacional de Investigación CientÃfica de Francia (CNRS). Los robots están inspirados en los movimientos exteriores -detalla-, mientras que su enfoque consiste en construir circuitos que simulen los mecanismos cerebrales que los generan.
Beneficio mutuo
«Aún estamos dando los primeros pasos en este sector», explica Matthieu Louis, coordinador del congreso e investigador del Centre de Regulació Genòmica (CRG), en Barcelona. Los biólogos están muy interesados en esos robots, explica, porque intentar fabricar un cerebro es una manera de entender mejor el órgano. A la vez, los ingenieros que fabrican autómatas buscan información biológica para hacerlos más eficaces y realistas.
Los militares miran estas investigaciones con sumo interés. Disponer de un enjambre de insectos robóticos permitirÃa espiar entornos difÃciles para los humanos, como cuevas o búnkers. Además, entender las estrategias de vuelo podrÃa mejorar los vehÃculos no tripulados. Sin embargo, el congreso de Sant Feliu de GuÃxols se centró en problemas estrictamente cientÃficos: se produjo un intercambio entre quienes estudian el cerebro con probeta en mano y quienes lo hacen con soldador.
Puestos a fabricar cerebros, ¿por qué dedicarse al de los insectos? «En primer lugar, porque, aun teniendo millones de neuronas, son más sencillos que los humanos -contesta Franceschini-. Pero también porque estamos rodeados de ellos y tenemos una intuición clara de cómo se desplazan en el espacio».
El punto de partida es entender estos movimientos. Se trata de un asunto muy complicado. Según una leyenda urbana, el vuelo de la abeja serÃa un milagro contrario a la fÃsica ya que unas alas tan pequeñas no aguantarÃan un cuerpo como el suyo, mucho mayor. Aun sin ser milagrosas, las estrategias que les permiten desplazarse a toda velocidad sin chocar nunca (menos con el parabrisas) no están del todo claras.
Micheal Dickinson, del Instituto de TecnologÃa de California, ha fabricado un compartimento en el que graba con una cámara ultrarrápida el vuelo de los insectos. También dispone de una caja de realidad virtual para moscas: las cuelga en su interior para grabarlas y les crea la ilusión del vuelo. En sus estudios con insectos, Dickinson demostró que las abejas generan vórtices con sus alas para sostenerse en el aire.
Noticia publicada en El Periódico (España)