Investigadores de la Universidad de Bolonia analizaron más de un centenar de fragmentos de cáscaras de huevo de avestruz hallados en Sudáfrica y Namibia, descubriendo que los humanos de hace 60,000 años no solo decoraban estos objetos, sino que lo hacían siguiendo reglas geométricas complejas.
Los fragmentos muestran líneas paralelas, ángulos cercanos a los 90 grados y hasta cuadrículas y motivos romboidales. Estos patrones no son simples garabatos: revelan un pensamiento estructurado, capaz de organizar el espacio visual según principios abstractos.
El estudio, publicado en la revista PLOS ONE, aplicó métodos geométricos y estadísticos para reconstruir las marcas. Los resultados fueron sorprendentes: más del 80% de las decoraciones seguían regularidades espaciales coherentes. Esto sugiere que los Homo sapiens de esa época ya poseían una “gramática visual”, una forma de pensamiento simbólico que anticipa el desarrollo de la escritura y otros sistemas culturales.
Silvia Ferrara, profesora de la Universidad de Bolonia y coordinadora del estudio, explica: “Estos signos revelan un pensamiento geométrico sorprendentemente estructurado. No se limitaban a trazar líneas, las organizaban siguiendo principios recurrentes: paralelismos, cuadrículas, rotaciones, repeticiones sistemáticas. Es, en esencia, una gramática visual.”
Por su parte, Valentina Decembrini, autora principal del estudio, añade: “Nuestro análisis demuestra que el Homo sapiens de hace 60,000 años ya poseía una asombrosa capacidad para organizar el espacio visual según principios abstractos. Transformar formas simples en sistemas complejos siguiendo reglas definidas es un rasgo profundamente humano.”
Aunque aún no se sabe si estos grabados tenían un significado simbólico, servían como etiquetas o eran meramente decorativos, lo cierto es que su existencia apunta a un paso crucial en la evolución del pensamiento humano: la capacidad de crear configuraciones visuales estructuradas.
Estas capacidades de expresión simbólica no apareció repentinamente, surgió por estratificación, es decir, probablemente los primeros sapiens modernos ya poseían la mayoría de las estructuras neuronales que hacen posible esta capacidad, pero que tardaron cientos de miles de años en desarrollar y transmitir estas nuevas capacidades cognitivas de una generación a otra.
Este hallazgo refuerza la idea de que la llamada “modernidad conductual” —la aparición del pensamiento simbólico, la creatividad y la transmisión cultural— no surgió de golpe, sino que fue el resultado de un proceso largo y acumulativo. Los huevos grabados son, en este sentido, una ventana fascinante hacia la mente de nuestros ancestros y su capacidad de imaginar y organizar el mundo.
Con información de Plos One


