Un reciente estudio revela un hallazgo inquietante: variantes de la gripe aviar poseen una maquinaria genética que les permite seguir replicándose incluso cuando el cuerpo humano desarrolla fiebre para defenderse.
La fiebre, aunque muchas veces se percibe como un síntoma incómodo, cumple un papel crucial en la defensa del organismo. Al elevar la temperatura corporal, se dificulta la replicación de muchos virus y se estimula el sistema inmunitario. Sin embargo, los investigadores se preguntaban si la fiebre tenía un efecto antiviral directo o si sus beneficios dependían únicamente de la activación de procesos inmunitarios.
El secreto genético: la subunidad PB1
El equipo científico descubrió que la clave está en una proteína llamada PB1, parte de la polimerasa viral que permite al virus copiar su material genético. Al introducir una PB1 de origen aviar en un virus humano, observaron que este adquiría la capacidad de replicarse a temperaturas elevadas, incluso en condiciones febriles. En modelos de ratón, los virus con PB1 aviar siguieron multiplicándose a gran velocidad, ignorando por completo el “escudo” de la fiebre.
Este hallazgo coincide con lo observado en pandemias pasadas: los virus responsables de la gripe de 1918, 1957 y 1968 también incorporaban PB1 de origen aviar, lo que podría explicar su elevada virulencia.
Los investigadores compararon dos versiones del virus PR8, una cepa humana de laboratorio:
- La versión original perdió fuerza cuando los ratones desarrollaron fiebre, mostrando síntomas más leves.
- La versión “avianizada”, con apenas dos cambios en la PB1, mantuvo su agresividad y provocó enfermedad grave pese al aumento de temperatura.
Esto demuestra que un simple incremento de 2 °C —equivalente a una fiebre común en humanos— puede frenar una infección grave, siempre que el virus no tenga resistencia térmica de origen aviar.
La conclusión es clara: la fiebre tiene un efecto antiviral directo y potente contra los virus humanos estacionales. Pero cuando un virus incorpora genes aviares adaptados a temperaturas más altas, esa defensa deja de ser eficaz. Esto explica por qué algunas infecciones de gripe aviar en humanos resultan tan graves y por qué ciertas variantes tienen mayor potencial pandémico.
Con información de Revista Science

