Jeroglifos que representan la Vía Láctea. Créditos: Mykola Tarasenko; Odessa Archaeological Museum, NASU / Theban Mapping Project, Francis Dzikowski.Jeroglifos que representan la Vía Láctea. Créditos: Mykola Tarasenko; Odessa Archaeological Museum, NASU / Theban Mapping Project, Francis Dzikowski.

Un descubrimiento reciente ha sacudido el mundo de la arqueología y la astronomía: los antiguos egipcios no solo miraban al cielo con fascinación religiosa, sino que también lo estudiaban con precisión científica.

Un equipo internacional de arqueólogos y astrónomos ha demostrado que los jeroglíficos presentes en sarcófagos y tumbas del Valle de los Reyes representan nada menos que la Vía Láctea, incluyendo detalles como la llamada “Gran Grieta”, esa franja oscura que atraviesa nuestra galaxia y que puede observarse a simple vista.

El estudio, publicado en el Journal of Astronomical History and Heritage, revela que estas representaciones no eran simples adornos funerarios. Al analizar más de un centenar de imágenes, los investigadores encontraron patrones astronómicos que coinciden con estructuras visibles en el cielo nocturno. La figura de la diosa Nut, tradicionalmente asociada con el firmamento, aparece en los sarcófagos como una guía visual que plasma con sorprendente exactitud la disposición de las estrellas.

La diosa Nut y la Vía Láctea

Durante décadas, los egiptólogos habían sugerido una posible relación entre Nut y la Vía Láctea, pero nunca se había comprobado con rigor científico. Ahora, gracias a la incorporación de la astrofísica en el análisis, se confirma que los egipcios tenían un conocimiento avanzado del cosmos. La representación de Nut no era solo un símbolo religioso, sino también un mapa celeste.

El proyecto fue liderado por el astrónomo Or Graur, de la Universidad de Portsmouth, quien destacó que “la precisión con la que se dibuja la Gran Grieta en los sarcófagos demuestra que los egipcios observaban el cielo con una intención científica, no únicamente ritual”.

Entre los ejemplos más destacados se encuentran los sarcófagos de la sacerdotisa Nesitaudjatakhet y del faraón Ramsés VI, donde las líneas oscuras y simétricas reflejan con claridad la estructura de la galaxia. Estos hallazgos sugieren que el arte funerario egipcio era también un registro astronómico.

Este descubrimiento cambia la manera en que entendemos la relación de los egipcios con el universo. Lo que antes se interpretaba como un lenguaje simbólico ahora se revela como un conocimiento científico. Según los investigadores, los jeroglíficos funcionaban como una forma de transmitir información astronómica a las generaciones futuras.

“Estamos ante una civilización que no solo miraba las estrellas para guiar sus rituales, sino que también comprendía fenómenos celestes de gran complejidad”, explicó Graur. “Esto nos obliga a reconsiderar la historia de la astronomía y reconocer que los egipcios fueron pioneros en el estudio del cosmos”.

El hallazgo no solo aporta una nueva dimensión al arte egipcio, sino que también abre la puerta a futuras investigaciones sobre cómo otras culturas antiguas representaban el cielo. La combinación de arqueología y astrofísica ha demostrado ser una herramienta poderosa para descifrar los secretos del pasado.

Con información de Journal of Astronomical History and Heritage

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