El devastador incendio que arrasó el complejo Multicomercio en el centro de Guayaquil, iniciado el 11 de febrero de 2026, expuso vulnerabilidades estructurales graves en una edificación de uso mixto, cuya estructura de acero no resistió más de 24 horas de intenso calor.
El complejo Multicomercio, ubicado en el vibrante sector comercial de La Bahía en Guayaquil, abarcaba 6.000 metros cuadrados y constaba de cinco torres de varios diez pisos. Originalmente diseñado como torres residenciales con locales comerciales, con el paso de las décadas se utilizó para viviendas, oficinas y, sobre todo, bodegas de almacenamiento. Muchos departamentos fueron reconvertidos en almacenes informales con acumulación de mercancías altamente inflamables y sin protección contra incendios. Estructuralmente, el edificio contaba con una estructura metálica principal (vigas y columnas de acero) combinada con elementos de hormigón armado en fundaciones y losas.
El coronel Martín Cucalón, jefe del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, explicó con claridad: “Estas estructuras estuvieron sometidas a temperaturas superiores a los 600 grados centígrados, lo que provocó que el metal perdiera resistencia y se deformara hasta doblarse”. Este escenario recuerda a las causas de la caída de las torres del World Trade Center tras los ataques terroristas del 9/11. En ingeniería, sabemos que el acero estructural comienza a perder más del 50% de su capacidad portante alrededor de los 550-600 °C, y a partir de 700-800 °C (como se registró en zonas del incendio) se ablanda drásticamente, perdiendo rigidez y colapsando sin previo aviso.
La alta carga calórica provino de la mercadería almacenada: plásticos, textiles, productos inflamables y materiales combustibles acumulados en bodegas sin ventilación ni separación adecuada. Esto generó un incendio de desarrollo rápido y muy intenso, que se propagó vertical y horizontalmente. El edificio sí contaba con detección de humo y mangueras en cajetines, pero no con rociadores automáticos (sprinklers), un elemento clave para controlar fuegos en sus inicios.
El resultado: dos de las cinco torres colapsaron parcialmente entre la noche del 11 y la madrugada del 12 de febrero, debido al debilitamiento progresivo de las columnas y vigas metálicas expuestas al calor extremo. Las tres torres restantes presentan compromiso grave, con riesgo inminente de colapso adicional, por lo que las autoridades han decretado la demolición total del complejo. “Este edificio tiene que ser demolido por completo. No se puede salvar nada”, afirmó Cucalón, subrayando la irreversibilidad del daño.
El terrible desenlace sobre este edificio nos recuerda el comportamiento usual de los materiales tras sufrir incendios prolongados e intensos, también nos permite desestimar teorías conspirativas que intentan explicar estos fenómenos, sin evidencias ni base científica.
Con información de Diario Expreso y La Derecha Diario (Ecuador)

