Un león derriba a un joven cazador. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala HinojosaUn león derriba a un joven cazador. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala Hinojosa

Hace unos 6.000 años, en el actual territorio búlgaro, un adolescente vivió una experiencia aterradora: fue atacado por un león y, contra todo pronóstico, logró sobrevivir durante semanas o incluso meses gracias al cuidado de su comunidad.

El hallazgo de sus restos en la necrópolis de Kozareva Mogila, también llamada “Montículo de Cabras”, ha permitido a los arqueólogos reconstruir esta historia que mezcla violencia, resiliencia y solidaridad humana.

Los análisis de los huesos revelan profundas lesiones en el cráneo, brazos y piernas. Las marcas coinciden con la mordida de un león de la especie Panthera leo, que en aquella época habitaba los Balcanes debido al cambio climático que permitió su expansión desde África. El animal probablemente derribó al joven y lo mordió varias veces en la cabeza, causando daños neurológicos graves y dificultades para caminar.

La supervivencia contra todo pronóstico

Lo sorprendente es que las heridas muestran signos de cicatrización. Esto indica que el adolescente no murió inmediatamente, sino que fue atendido por su comunidad durante semanas, es probable que sus compañeros de caza lo hayan defendido y ahuyentado al león. Los investigadores creen que se aplicaron métodos rudimentarios de alivio del dolor y prevención de infecciones, similares a los que se usaban en trepanaciones de la época. “Sobrevivió y fue cuidado por la comunidad, lo que indica que se preocupaban de sus miembros discapacitados”, señalan los autores del estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports.

Resto del joven atacado por el león. Fuente: Journal of Archaeological Science: Reports
Resto del joven atacado por el león. Fuente: Journal of Archaeological Science: Reports

El cuidado y su singular entierro

La mayoría de las lesiones del joven muestran signos de curación, evidencia de que no falleció justo después del encuentro con el depredador. Sin embargo, la fase de cicatrización no está muy avanzada, quizás unos dos o tres meses tras el ataque, por lo que los investigadores creen que el adolescente sí murió finalmente por esas heridas.

El joven fue enterrado en cuclillas, con las manos delante del rostro, sin objetos funerarios y en una fosa más profunda que la de otros individuos. Esto sugiere que pudo haber tenido un estatus social bajo o que su aspecto tras el ataque lo convirtió en alguien temido. Los investigadores concluyen que “su experiencia, su posible comportamiento intimidante y su apariencia podrían haberlo convertido en un difunto extraordinario y peligroso”.

La evidencia de ataques de leones a humanos en la prehistoria es extremadamente rara. Este caso no solo revela la presencia de leones en Europa hace miles de años, sino también la capacidad de las comunidades prehistóricas para cuidar a sus miembros heridos, incluso cuando las secuelas eran graves. El hallazgo abre nuevas preguntas sobre la relación entre humanos y grandes depredadores en la antigüedad, y sobre cómo la compasión fue clave para la supervivencia en tiempos hostiles.

Mordidas en el cráneo del joven. Fuente: Journal of Archaeological Science: Reports
Mordidas en el cráneo del joven. Fuente: Journal of Archaeological Science: Reports

Con información de Journal of Archaeological Science: Reports.

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