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Misión Proba-3: Occulter Coronagraph.Misión Proba-3: Occulter Coronagraph.

Tras pasar semanas a la deriva y sin energía a 60,000 kilómetros de altura, la Agencia Espacial Europea ha logrado restablecer contacto con el satélite Proba-3, un auténtico milagro tecnológico.


En el vasto y gélido vacío del espacio, las segundas oportunidades son extremadamente raras. Por eso, cuando el pasado 19 de marzo la estación terrestre de Villafranca, en España, recibió una señal proveniente del satélite Coronagraph de la misión Proba-3, el júbilo en la Agencia Espacial Europea (ESA) fue absoluto. La nave, considerada «clínicamente muerta» desde mediados de febrero, ha vuelto a la vida.

Una danza milimétrica para tapar el Sol

La misión Proba-3 es uno de los proyectos más ambiciosos y delicados de la ingeniería aeroespacial actual. Lanzada a finales de 2024, consiste en un dúo de satélites que vuelan en una formación ultraprecisa. Uno de ellos, el Occulter, actúa como una «luna artificial» portando un disco de 1.4 metros de diámetro. Su gemelo, el Coronagraph se sitúa exactamente a 150 metros de distancia, escondiéndose en la sombra de su compañero para observar la corona solar.

Esta región es la atmósfera exterior del Sol, un halo de plasma ardiente que normalmente es invisible debido al cegador brillo de nuestra estrella. Para captarla, los dos satélites deben mantener su alineación con una precisión de apenas unos milímetros, simulando un eclipse solar permanente.

Cuando el Sol dejó de brillar para Proba-3

El desastre ocurrió el 14 de febrero de 2026. Debido a una anomalía en la orientación de la nave, el Coronagraph perdió su rumbo. En una reacción en cadena, sus paneles solares dejaron de apuntar al Sol, lo que provocó que las baterías se agotaran. Sin energía, el satélite entró en un «modo de supervivencia» silencioso y comenzó a dar tumbos en su órbita, incomunicado y a merced de la gravedad.

«Fue un momento de gran angustia; la misión estaba efectivamente terminada si no podíamos despertarlo», explica Damien Galano, director de la misión Proba-3. Durante un mes, el equipo intentó enviarle comandos a ciegas, esperando un eco que nunca llegaba.

El «milagro» de un destello de luz

La salvación llegó de la forma más inesperada. Mientras el satélite giraba sin control, un breve destello de luz solar golpeó sus paneles en el ángulo preciso y durante el tiempo suficiente para generar un pequeño pulso de energía. Fue una ventana de oportunidad mínima que los ingenieros en tierra supieron aprovechar.

«Ocurrió algo parecido a un milagro porque nos reconectamos con la nave», declaró Josef Aschbacher, Director General de la ESA. Ese destello permitió que el transmisor se encendiera por un instante, confirmando que el satélite estaba estable y en modo seguro (un estado de bajo consumo donde solo funcionan los sistemas vitales). Actualmente, el Coronagraph ha logrado orientar sus paneles hacia el Sol y está recargando sus baterías.

Aunque la reconexión es un éxito histórico, el trabajo no ha terminado. Los expertos deben ahora encender los instrumentos paso a paso para evaluar si el frío extremo del espacio o la pérdida total de energía dañaron el delicado coronógrafo. Si todo va bien, Proba-3 volverá a su «danza» orbital para seguir desvelando los secretos del plasma solar.

Con información de European Space Agency (ESA).

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.