Científicos programaron genéticamente a microalgas para que detecten y degraden partículas plásticas en el agua, ofreciendo una solución biológica a uno de los mayores desastres ambientales del siglo.
El agua de nuestro planeta enfrenta un enemigo invisible pero persistente: los microplásticos. Estas partículas, menores a cinco milímetros, han invadido desde los océanos más profundos hasta el agua que bebemos. Sin embargo, con ayuda de la ingeniería genética, parece haberse encontrado un aliado inesperado. Investigadores en biotecnología han desarrollado una variante de la microalga Chlamydomonas reinhardtii, apodada el «atrapamoscas del mundo molecular», capaz de descomponer polímeros sintéticos en tiempo récord.
El avance se basa en la modificación del ADN de estas algas para que produzcan enzimas específicas, como la PETasa y la METasa, que originalmente fueron descubiertas en bacterias que comen plástico. Al integrar estas instrucciones genéticas en las algas, el equipo de investigación ha creado un organismo que no solo realiza la fotosíntesis (ingiriendo CO2 y emitiendo oxígeno), sino que también «digiere» los residuos plásticos presentes en su entorno acuático.
Ingeniería de precisión en un solo organismo
«El desafío no era solo que el alga produjera la enzima, sino que la expulsara al exterior para que pudiera atacar al plástico», explican los expertos vinculados al desarrollo de estas tecnologías de biorremediación. Mediante la biología sintética, los científicos insertaron «etiquetas de secreción» en las proteínas, permitiendo que el alga funcione como una micro-fábrica que bombea soluciones de limpieza al agua de forma continua.
Uno de los aspectos más fascinantes es la capacidad de estas microalgas para formar biofilms o biopelículas. Estas son comunidades de microorganismos que se adhieren a las superficies plásticas, creando una zona de ataque concentrada. Al usar algas en lugar de bacterias, el proceso es autosustentable: solo necesitan luz solar y dióxido de carbono para mantenerse vivas mientras realizan su labor de limpieza.
El futuro del tratamiento de aguas
Aunque el proyecto se encuentra en fases de optimización en biorreactores controlados, los resultados son prometedores. Los investigadores señalan que esta tecnología podría implementarse primero en plantas de tratamiento de aguas residuales, actuando como un último filtro biológico antes de que el agua sea devuelta a los ríos.
El uso de Chlamydomonas reinhardtii es estratégico, ya que es una especie modelo en los laboratorios, lo que significa que conocemos su genoma a la perfección y es segura para el manejo controlado. Además de degradar el plástico, estas algas podrían convertirse posteriormente en biomasa útil para crear biocombustibles o fertilizantes, cerrando un círculo de economía circular perfecta. Este método no solo elimina el contaminante, sino que transforma un residuo tóxico en un recurso valioso para la industria.
Con información de Mizzou Engineering.

