Hace más de 1.600 años, los nubios preparaban una cerveza que no solo calmaba la sed y nutría el cuerpo, sino que también actuaba como un poderoso antibiótico natural.
Trabajando junto al Nilo en lo que hoy es Sudán, y sin microscopios ni laboratorios, los nubios consumían tetraciclina de forma constante desde la infancia, pero no tenían conocimiento científico para determinarlo, sólo la observación y costumbre de conocer que la cerveza preparada de cierta manera era saludable. Este hallazgo revela que esta bebida era su medicina secreta y reescribe la historia de los remedios contra las infecciones.
Todo empezó en 1980, cuando el bioarqueólogo George J. Armelagos, de la Universidad Emory (Estados Unidos), estudiaba huesos de la cultura X-Group en la necrópolis de Kulubnarti, Nubia sudanesa (350-550 d.C.). Al colocar finas secciones de hueso bajo un microscopio con luz ultravioleta (a 490 angstroms), vio un brillo amarillo-verde intenso en las zonas donde el hueso crecía. Era idéntico al que dejan los huesos modernos de pacientes tratados con tetraciclina, un antibiótico que se une al calcio y “marca” el hueso como un fluorescente natural.
Armelagos publicó el descubrimiento junto a Everett J. Bassett, Margaret S. Keith, Debra L. Martin y Antonio R. Villanueva en la revista Science. Sugirieron que el origen estaba en granos almacenados contaminados por bacterias del género Streptomyces, que producen tetraciclina de forma natural en suelos cálidos y secos del valle del Nilo.
Al principio, la idea fue recibida con escepticismo. ¿Y si era contaminación postmortem por hongos o bacterias del suelo? Armelagos no se rindió. En 2010, colaboró con el experto en tetraciclinas Mark L. Nelson, de Paratek Pharmaceuticals. Usando técnicas de vanguardia, disolvieron los huesos en ácido fluorhídrico anhidro, extrajeron el compuesto y lo analizaron con cromatografía líquida de alta presión y espectrometría de masas. El resultado fue irrefutable: los huesos contenían tetraciclina auténtica, convertida en su forma estable anhidrotetraciclina (masa molecular +H de 427,1).
“Los huesos de estas personas antiguas estaban saturados con tetraciclina, mostrando que la tomaban durante mucho tiempo”, explicó Nelson.
Incluso los huesos de un niño de 4 años (tibia y cráneo) estaban impregnados, lo que indica dosis altas para tratar enfermedades. Armelagos añadió: “Damos por sentado que los medicamentos que curan enfermedades son cosa de la medicina moderna, pero está claro que esta población prehistórica usaba evidencia empírica para desarrollar agentes terapéuticos. No tengo duda de que sabían lo que hacían”.
¿Cómo lo lograban? Gracias a su cerveza fermentada. Los nubios usaban granos del Nilo contaminados por Streptomyces (bacterias del suelo que forman colonias doradas, como las que dieron nombre moderno a la aureomicina). Al fermentar el cereal en un porridge espeso y “sembrar” cada nueva tanda con un 10 % de la anterior, mantenían viva la cultura bacteriana durante generaciones. Esta bebida, nutritiva y con alcohol, servía como agua potable segura (mataba gérmenes del río) y como remedio empírico contra infecciones, tal como sugieren textos egipcios antiguos que recomendaban cerveza para dolencias como enfermedades de las encías. La tetraciclina eliminaba bacterias dañinas y probablemente ayudaba contra la diarrea o heridas infectadas.
El análisis mostró exposición en aproximadamente el 90 % de los individuos estudiados, desde la infancia (incluso a través de la leche materna o el destete con gruel fermentado). Los nubios refinaron el proceso durante siglos observando sus beneficios para la salud, sin conocer ni bacterias ni antibióticos. Hoy, este hallazgo genera debates fascinantes: ¿subestimamos el conocimiento nativo? ¿La exposición crónica pudo adaptar su microbioma intestinal? Armelagos y Nelson demostraron que la historia de los antibióticos no empezó en 1948 con la ciencia moderna, sino mucho antes, en una humilde cerveza nubia.
Este caso ilustra cómo la bioarqueología y la antropología biológica unen pasado y presente. Los nubios no inventaron la tetraciclina por casualidad: la produjeron a propósito, combinando observación, fermentación y tradición. Un recordatorio de que la sabiduría ancestral sigue sorprendiéndonos y podría inspirar nuevas formas de pensar en salud y microbiología.
Con información de Revista Science.

