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Científicos del MIT desarrollan un modelo de hígado con vasos sanguíneos reales que permite observar, por primera vez, cómo el azúcar y la inflamación destruyen nuestras células desde adentro.

En el interior de los laboratorios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), un equipo de bioingenieros ha logrado crear algo que parece ciencia ficción: un «micro-hígado» vivo, del tamaño de una moneda, que respira y reacciona igual que el órgano humano. Este avance, liderado por la investigadora Erin N. Tevonian y la reconocida profesora Linda G. Griffith, no es solo una proeza técnica, sino una herramienta clave para entender por qué millones de personas sufren de resistencia a la insulina y enfermedades hepáticas crónicas.

El estudio describe la creación de un Sistema Microfisiológico (MPS) vascularizado. A diferencia de los cultivos de células planos y estáticos del pasado, este chip incluye canales que simulan vasos sanguíneos. «Pudimos capturar características clave de la resistencia a la insulina hepática y la infiltración de monocitos», explica el equipo en su publicación. Los monocitos son un tipo de glóbulo blanco que, cuando el hígado está bajo estrés por exceso de glucosa, «atacan» el tejido, provocando una inflamación que puede derivar en cirrosis o cáncer.

¿Cómo funciona este laboratorio en miniatura?

El dispositivo utiliza células humanas reales, incluyendo hepatocitos (las células principales del hígado) y células endoteliales para formar los vasos. Mediante técnicas de microfluídica —la ciencia que manipula cantidades minúsculas de fluidos—, los investigadores pueden bombear nutrientes, hormonas y medicamentos a través del chip.

Al simular una dieta alta en azúcares, el equipo observó cómo las células dejaban de responder a la insulina (resistencia a la insulina), lo que impedía que el hígado procesara la glucosa correctamente. Lo más impactante fue ver en tiempo real cómo las células inmunitarias del flujo sanguíneo se «pegaban» a las paredes de los vasos y entraban en el tejido hepático, iniciando un proceso inflamatorio destructivo.

Este modelo es fundamental porque los ratones de laboratorio a menudo no reaccionan igual que los humanos ante estos procesos metabólicos. «Este sistema nos permite probar fármacos en un entorno que imita fielmente la complejidad del cuerpo humano», señala la Dra. Tevonian. Esto podría acelerar drásticamente el desarrollo de tratamientos para la Esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH), una enfermedad que hoy no tiene cura sencilla.

Gracias a este «hígado en un chip», la medicina se encamina hacia un futuro donde las pruebas en animales sean cosa del pasado y los tratamientos se personalicen según la respuesta celular de cada paciente, ahorrando tiempo y, sobre todo, salvando vidas.

Con información de Nature Communications.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.