Un método de detección llamado «Jerk» permite identificar movimientos imperceptibles del suelo causados por el ascenso del magma, logrando predecir el 92% de erupciones volcánicas en una prueba de diez años.
Predecir cuándo un volcán entrará en erupción ha sido, durante siglos, uno de los mayores desafíos de la geología. Sin embargo, un equipo internacional de científicos ha descubierto una «señal minúscula» que los volcanes emiten antes de estallar. Este avance, publicado recientemente en la revista Nature Communications, promete revolucionar los sistemas de alerta temprana y salvar miles de vidas en comunidades vulnerables.
El «tirón» que lo cambia todo
El nuevo método ha sido bautizado como «Jerk» (que en física se refiere al «tirón» o la tasa de cambio de la aceleración). La técnica se basa en detectar movimientos del suelo increíblemente sutiles, del orden de unos pocos nanómetros por segundo al cubo. Para que nos hagamos una idea, estas vibraciones son tan pequeñas que resultan totalmente invisibles para los instrumentos convencionales, pero son la clave que revela el momento exacto en que el magma comienza a fracturar la roca para abrirse paso hacia la superficie.
El sistema utiliza un único sismómetro de banda ancha, un dispositivo de alta precisión capaz de registrar una amplia gama de frecuencias vibratorias. Al enfocar su «oído» en estas señales de baja frecuencia, el algoritmo diseñado por los investigadores puede distinguir entre el ruido cotidiano de la Tierra y el pulso específico de una intrusión magmática (el movimiento de roca fundida bajo la corteza).
Diez años de éxito en la Isla de la Reunión
La eficacia del sistema no es solo teórica. Los investigadores del Instituto de Física del Globo de París (IPGP) y el Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ) probaron el método durante una década en el volcán Piton de la Fournaise, en la isla de La Reunión, uno de los más activos del mundo.
Los resultados fueron asombrosos: entre 2014 y 2023, el sistema «Jerk» predijo correctamente 22 de las 24 erupciones registradas, lo que supone una tasa de éxito del 92%. En algunos casos, el sistema emitió una alerta automática hasta ocho horas y media antes de que la lava brotara del suelo.
«La gran originalidad de este trabajo es que el método se probó y validó en tiempo real de forma automática durante más de 10 años», explica el Dr. Philippe Jousset, coautor del estudio e investigador del GFZ. Por su parte, el Dr. François Beauducel, del IPGP, destaca que incluso las «falsas alarmas» del sistema —que ocurrieron en un 14% de los casos— fueron en realidad detecciones de magma que se movió pero que no llegó a salir a la superficie, lo que los científicos llaman «erupciones abortadas».
Una de las mayores ventajas de este sistema es su simplicidad logística. Al requerir solo un sismómetro y una conexión de datos para procesar la señal, es ideal para volcanes que no cuentan con redes de monitoreo costosas.
Con información de revista Nature Communications.

