En las faldas del volcán Ilaló, un conjunto de puntas de proyectil revela el rastro de los primeros cazadores que caminaron por los Andes ecuatorianos hace más de 10,000 años.
A unos 20 kilómetros de Quito, en un sector conocido como El Inga en las faldas del volcán Ilaló, se hallaron lo que para un ojo inexperto podrían ser simples rocas, para la arqueología son «puntas de proyectil», herramientas sofisticadas que permitieron la supervivencia de los primeros pobladores del actual Ecuador. Este sitio, descubierto inicialmente en la década de 1940 y estudiado profundamente en los años 60, sigue siendo la piedra angular para entender el Paleoindio en la región.
Los primeros ingenieros de la piedra
El yacimiento de El Inga no es un asentamiento común; se cree que fue un campamento-taller. Aquí, investigadores como el arqueólogo estadounidense Robert E. Bell, quien lideró excavaciones clave en 1961, y posteriormente William Mayer-Oakes, identificaron una variedad asombrosa de herramientas. Los antiguos habitantes utilizaban principalmente obsidiana (vidrio volcánico) y basalto para crear sus armas.
Las técnicas de fabricación que utilizaron fueron la percusión y la presión para desprender láminas de piedra hasta obtener bordes tan afilados como un bisturí moderno. Entre los hallazgos más destacados se encuentran las llamadas «puntas de cola de pescado», un diseño aerodinámico que permitía que la flecha o lanza se ajustara perfectamente al mango de madera.

El misterio de la cronología
Determinar la edad exacta de El Inga ha sido un reto científico. Debido a la acidez del suelo volcánico, los restos orgánicos (como huesos) no se conservaron bien, lo que dificultó el uso del Carbono-14. Sin embargo, gracias a la técnica de hidratación de obsidiana, los científicos estimaron que el sitio estuvo ocupado entre el 11,000 y el 4,000 a.C.
«El Inga representa una de las ocupaciones más tempranas y complejas de la Sierra ecuatoriana», comentan expertos contemporáneos que han revisitado los estudios de Bell. Las piezas no solo servían para la caza de grandes mamíferos ya extintos, sino que demuestran una red de intercambio; la obsidiana de El Inga provenía de canteras como las de Mullumica, situadas a varios kilómetros de distancia en los páramos del volcán Antisana y del volcán Chacana.
Un legado que cuidar
Hoy en día, las piezas encontradas en este sitio —como las que se observan en las fotografías de archivo— son parte del patrimonio nacional. Nos cuentan la historia de una humanidad resiliente que, con ingenio y conocimiento de la geología local, logró dominar un entorno volcánico y salvaje. Entender El Inga es, en esencia, entender el primer capítulo de la historia del Ecuador.
Fuentes
- Bell, R. E. (1965). Investigaciones arqueológicas en el sitio de El Inga, Ecuador. Casa de la Cultura Ecuatoriana. https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/handle/10469/9045
- Mayer-Oakes, W. J. (1986). El Inga: A Paleo-Indian Site in the Sierra of Ecuador. American Philosophical Society. [enlace sospechoso eliminado]
- Salazar, E. (1980). Talleres prehistóricos en los altos Andes del Ecuador. Universidad de Cuenca. https://biblioteca.clacso.edu.ar/Ecuador/pueblos-andinos
- Salvat, J., y Crespo Toral, E. (Eds.). (1977). Historia del arte ecuatoriano (Vol. 1). Salvat Editores.

