Investigadores han dado un paso decisivo para entender un trastorno tan raro como desconcertante: el síndrome de autofermentación, una condición en la que el cuerpo produce alcohol sin necesidad de beberlo.
El hallazgo, publicado en la revista Nature Microbiology, revela que ciertos desequilibrios en la microbiota intestinal pueden transformar los carbohidratos de los alimentos en etanol, generando síntomas similares a los de una intoxicación alcohólica.
Desde finales del siglo XIX, médicos de todo el mundo han reportado casos de personas que parecían ebrias después de comer, aunque no hubieran ingerido bebidas alcohólicas. Durante décadas se pensó que los hongos intestinales eran los responsables, pero este nuevo estudio apunta directamente a ciertas bacterias como las verdaderas culpables.
Los investigadores de Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Dinamarca analizaron muestras de sangre y heces de 22 pacientes diagnosticados con el síndrome y de 21 convivientes sanos. Los resultados fueron claros: durante los episodios agudos, los pacientes producían mucho más etanol en sus intestinos que las personas sanas.

Las bacterias protagonistas
El estudio identificó un aumento de bacterias del filo Proteobacteria, especialmente Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, durante los episodios de embriaguez espontánea. Estas bacterias no solo fermentaban carbohidratos en alcohol, sino que además mostraban genes que favorecen la fermentación y la resistencia al etanol. En palabras de los investigadores: “La microbiota intestinal de los pacientes con síndrome de autofermentación produce cantidades significativamente mayores de etanol”.
Los afectados pueden presentar mareos, confusión, somnolencia y alteraciones del habla, síntomas idénticos a los de una intoxicación alcohólica. En algunos casos, los niveles de alcohol en sangre superan incluso el límite legal para conducir. El promedio registrado en los pacientes fue de 136 mg/dl, muy por encima del límite de 80 mg/dl establecido en varios países.
Uno de los hallazgos más prometedores fue el caso de un paciente que recibió un trasplante de microbiota fecal. Tras el procedimiento, los síntomas desaparecieron y los niveles de alcohol en sangre se normalizaron. Los investigadores consideran que este tipo de terapias podrían ser una opción para los casos más graves, aunque todavía no existe un tratamiento estándar.
