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Rover Perseverance. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala HinojosaRover Perseverance. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala Hinojosa

El rover Perseverance ha localizado cristales de corindón (corundum) en la superficie marciana, un hallazgo que revela procesos geológicos extremos y abre una nueva ventana para entender la historia geológica de Marte.

En la incesante búsqueda de secretos en el Planeta Rojo, la NASA ha tropezado con un tesoro mineralógico que ha sorepndidos a los geólogos. No se trata de tesoros en el sentido tradicional, sino de algo mucho más valioso para la ciencia: cristales de corindón. Este mineral, compuesto de óxido de aluminio (Al2O3), es el mismo que en la Tierra da origen a los rubíes y zafiros cuando presenta trazas de metales como el cromo o el hierro.

El hallazgo tuvo lugar en una región del Cráter Jezero conocida como la «Unidad de Margen», una zona que los científicos han estado observando con especial atención debido a su composición única. La presencia de estos cristales sugiere que Marte albergó condiciones de temperatura y presión mucho más intensas de lo que se creía para esa región, posiblemente ligadas a antiguos procesos metamórficos o actividad volcánica explosiva.

La química de la belleza: ¿Qué es el corindón?

El corindón es uno de los minerales más duros que existen, solo superado por el diamante. Su formación requiere un entorno rico en aluminio y pobre en sílice, algo que no es común en la superficie marciana, dominada por basaltos ricos en silicio. Cuando este mineral es de color rojo, lo llamamos rubí; cualquier otro color, como el azul intenso, se denomina zafiro.

En Marte, estos cristales no brillan como joyas talladas, sino que aparecen como granos microscópicos incrustados en la roca. Para detectarlos, el rover Perseverance utilizó su instrumento estrella: SHERLOC (Scanning Habitable Environments with Raman & Luminescence for Organics & Chemicals). Este dispositivo emplea una técnica llamada espectroscopia Raman de luz ultravioleta profunda, que dispara un láser contra la roca para hacer vibrar sus moléculas. Al analizar cómo rebota esa luz, los científicos pueden identificar la «huella digital» química del mineral sin tocarlo.

Voces desde el laboratorio

La Dra. Kelsey Moore, geobióloga del Instituto Tecnológico de California (Caltech) y parte del equipo científico de Perseverance, ha destacado la importancia de este descubrimiento. «Encontrar corindón en el Cráter Jezero es como encontrar una pieza de un rompecabezas que no sabíamos que existía. Nos indica que las rocas aquí han pasado por una historia térmica muy compleja, posiblemente interactuando con fluidos a altas temperaturas que alteraron su composición original», explica Moore.

Por su parte, la Dra. Joanna V. Clark, investigadora del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, señala que este mineral es un excelente indicador del entorno. «El corindón es extremadamente resistente a la erosión. El hecho de que esté allí nos ayuda a reconstruir no solo cómo se formó la roca, sino cuánto tiempo ha estado expuesta a las duras condiciones de la superficie marciana», añade Clark.

Este descubrimiento no solo añade «brillo» a la misión, sino que redefine nuestra comprensión de la geología planetaria. El Perseverance continúa recolectando estas muestras, con la esperanza de que en la próxima década puedan ser enviadas a la Tierra para ser analizadas en laboratorios terrestres.

Con información de Earth and Space Science.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.