Los pulpos y los seres humanos comparten “genes saltarines”, secuencias de ADN tienen la capacidad de moverse de un punto a otro del genoma, y que explican por qué estos moluscos poseen una inteligencia superior y capacidades cognitivas similares a las nuestras.

Los pulpos siempre han parecido criaturas de otro mundo. Sin embargo, la ciencia acaba de encontrar un puente molecular que los acerca a nosotros más de lo que imaginábamos. Un estudio internacional, liderado por la Escuela Internacional Superior de Estudios Avanzados (SISSA) y la Estación Zoológica Anton Dohrn, ha revelado que el cerebro de estos cefalópodos utiliza los mismos mecanismos genéticos que el cerebro humano para desarrollar procesos complejos como el aprendizaje y la memoria.

La clave reside en los llamados transposones, conocidos popularmente como “genes saltarines”. Estas secuencias de ADN tienen la capacidad de moverse de un punto a otro del genoma. Aunque durante años se consideraron “ADN basura” sin función alguna, hoy sabemos que son motores de la evolución y la plasticidad cerebral. En el caso de los humanos, los transposones de la familia LINE (Long Interspersed Nuclear Elements) están activos en el hipocampo, la región encargada del control de la memoria.

Lo sorprendente es que los científicos han hallado estos mismos elementos LINE activos en el lóbulo vertical del pulpo, que es el equivalente funcional de nuestro hipocampo. “Literalmente salté de la silla cuando, bajo el microscopio, vi una señal muy fuerte de actividad de este elemento en el lóbulo vertical”, confesó la investigadora Giovanna Ponte. Este hallazgo sugiere que la inteligencia del pulpo no es un accidente, sino el resultado de una sofisticada maquinaria genética que comparte con los vertebrados más avanzados.

Este fenómeno se conoce como evolución convergente: dos especies que no comparten un ancestro cercano desarrollan soluciones biológicas idénticas para enfrentar desafíos similares. Mientras que nuestro ancestro común con el pulpo fue un animal primitivo similar a un gusano hace más de 500 millones de años, ambos hemos llegado de forma independiente a utilizar los mismos “genes saltarines” para potenciar la mente.

El profesor Remo Sanges, director del laboratorio de Genómica Computacional de la SISSA, señaló que “el descubrimiento de un elemento de la familia LINE activo en el cerebro de dos especies de pulpo es muy significativo, ya que respalda la idea de que estos elementos tienen una función específica que va más allá del simple copiar y pegar”.

Este descubrimiento no solo resuelve parte del enigma de la inteligencia de los cefalópodos, sino que abre nuevas vías para entender cómo evolucionó la conciencia y la capacidad de resolución de problemas en el reino animal. Los pulpos, con sus tres corazones y su sangre azul, ya no parecen tan distantes; en lo más profundo de su código genético, guardan un reflejo de nuestra propia humanidad.

Con información de Escuela Internacional Superior de Estudios Avanzados

By Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.