Tras dos décadas de experimentos, la ciencia confirma que los mamíferos no pueden clonarse indefinidamente sin colapsar genéticamente tras varias generaciones de clonación continua.
Durante 20 años, un equipo de investigadores liderado por Teruhiko Wakayama, de la Universidad de Yamanashi (Japón), llevó a cabo uno de los experimentos más ambiciosos en biología: clonar ratones generación tras generación. El estudio, publicado en Nature Communications, demuestra que la clonación seriada en mamíferos no puede sostenerse más allá de cierto límite. A partir de la generación número 25, las mutaciones genéticas comenzaron a acumularse de forma irreversible, reduciendo drásticamente la tasa de nacimientos y llevando a la inviabilidad de los clones.
El experimento paso a paso
El proyecto arrancó en 2005 con un ratón hembra de pelaje agutí (Mus musculus). A partir de sus células somáticas se generó la primera camada de clones mediante transferencia nuclear. Cada nueva generación se clonaba a partir de la anterior, en un proceso que se repitió más de 50 veces.
Durante las primeras 25 generaciones, los resultados fueron sorprendentes: los ratones clonados crecían normalmente, tenían pesos corporales similares a los obtenidos por reproducción natural y vivían en promedio dos años, como cualquier ratón sano. Incluso la tasa de éxito aumentaba ligeramente. Sin embargo, después de la generación 25, la clonación comenzó a fallar. Para la generación 57, solo el 0,6 % de los intentos producía ratones viables, y la generación 58 no sobrevivió más de un día.
Mutaciones acumuladas: el talón de Aquiles
El análisis genómico reveló que cada generación adquiría unas 70 nuevas variantes de un solo nucleótido (SNVs) y 1,5 variantes estructurales (SVs), incluyendo grandes reordenamientos cromosómicos. Estas mutaciones afectaban genes esenciales, provocando fallos en el desarrollo embrionario y reducciones drásticas en la tasa de nacimientos.
Curiosamente, los ratones clonados mantenían su fertilidad. Al cruzarlos con machos normales, los investigadores lograron crías sanas. Esto demostró que la reproducción sexual actúa como un “sistema de control de calidad” del ADN, capaz de depurar las mutaciones acumuladas.
El investigador español Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), calificó el experimento como “heroico e irrepetible”, destacando que difícilmente podría realizarse hoy en Europa debido a las estrictas normativas de protección animal. “Este estudio responde a una pregunta fundamental: por qué los mamíferos evolucionamos hacia la reproducción sexual y no hacia la asexual”, señaló.
Más allá de la oveja Dolly
El hallazgo recuerda al caso de Dolly, la oveja que en 1996 se convirtió en el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. Aunque fue un hito, Dolly murió joven, lo que ya sugería que la clonación tenía límites biológicos. El experimento de Wakayama, con más de 1.200 ratones clonados, confirma que la reproducción sexual no es un capricho evolutivo, sino un mecanismo indispensable para mantener la salud genética de los mamíferos.
La clonación seriada en mamíferos no es sostenible indefinidamente. La acumulación de mutaciones genéticas marca un límite infranqueable, reafirmando que la reproducción sexual es esencial para la vida.
Con información de Nature Communications.

