El alquitrán de abedul, utilizado por los neandertales como pegamento para sus herramientas, posee propiedades antibióticas capaces de combatir infecciones graves.
Durante décadas, la imagen del neandertal ha evolucionado de un ser primitivo a un pariente inteligente y sofisticado. Ahora, una investigación publicada en la revista científica PLOS ONE añade una nueva faceta a este retrato: el neandertal como «farmacéutico» de la Edad de Hielo. Un equipo de investigadores ha demostrado que el alquitrán de abedul, conocido hasta ahora principalmente como el primer adhesivo de la humanidad, tiene un potente efecto medicinal contra bacterias causantes de infecciones en heridas.
Más que un simple pegamento
El alquitrán de abedul se obtiene mediante la pirólisis de la corteza de los árboles. Este término técnico se refiere al proceso de calentar la corteza en un recipiente cerrado, sin oxígeno (condiciones anaeróbicas), para extraer una sustancia negra y viscosa. Hasta hoy, los arqueólogos lo consideraban el «pegamento universal» del Paleolítico Medio, usado para unir puntas de piedra a mangos de madera.
Sin embargo, el investigador principal Tjaark Siemssen, de la Universidad de Colonia, junto a un equipo internacional que incluye a Matthias Bierenstiel, de la Universidad de Cape Breton, sospechaban que este material tenía otros usos. «Debemos considerar que el uso del alquitrán de abedul iba más allá de lo puramente tecnológico», sugieren los autores en el estudio, basándose en prácticas de comunidades indígenas modernas, como los Mi’kmaq en Canadá, que lo usan para tratar problemas de piel.
La química neandertal a prueba
Para verificar esta hipótesis, los científicos utilizaron la arqueología experimental. Recrearon las condiciones de hace miles de años para producir alquitrán de dos especies comunes en la Europa del Pleistoceno: el abedul común (Betula pendula) y el abedul pubescente (Betula pubescens).
Una vez obtenidas las muestras, las sometieron a una prueba de laboratorio llamada «ensayo de difusión en disco». El procedimiento es sencillo pero fascinante: se colocan gotas de alquitrán en una placa con bacterias y se observa cuánto espacio dejan las bacterias alrededor de la muestra. Este espacio «limpio» se denomina zona de inhibición.
Los resultados fueron reveladores. El alquitrán mostró una eficacia notable contra la bacteria Staphylococcus aureus, un patógeno conocido por infectar heridas abiertas. Curiosamente, no tuvo efecto contra la Escherichia coli. Esto se debe a que la primera es una bacteria Gram-positiva (con una estructura celular más vulnerable a los compuestos del abedul), mientras que la segunda es Gram-negativa, poseyendo una membrana exterior que actúa como un escudo más resistente.
Este hallazgo refuerza la idea de las «comunidades de cuidado» entre los neandertales. Si estos homínidos sabían que el pegamento de sus lanzas también servía para desinfectar un corte profundo, esto implica una transmisión de conocimiento médico complejo.
Con información de PLOS ONE.

