Los planetas en formación pueden generar agua mediante reacciones químicas internas entre compuestos simples bajo mucha presión y calor, desafiando la idea de que este líquido vital solo llega desde el espacio exterior en forma de cometas.
Durante décadas, la astronomía nos enseñó una historia sencilla: el agua de mundos como la Tierra llegó “en delivery”, transportada por asteroides y cometas helados desde los confines fríos de nuestro sistema solar. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Nature por las investigadoras Francesca Miozzi y Anat Shahar, del Carnegie Institution for Science, sugiere que muchos planetas podrían ser “autosuficientes”. Según sus experimentos, el agua puede formarse de manera natural como un subproducto del propio proceso de nacimiento planetario.
El equipo simuló en el laboratorio las condiciones extremas de los exoplanetas jóvenes: mundos rodeados por densas atmósferas de hidrógeno y con océanos de magma (roca fundida) en su superficie. Utilizando prensas de diamante para alcanzar presiones gigantescas y láseres para generar un calor infernal, observaron algo asombroso: el hidrógeno de la atmósfera reacciona con el óxido de hierro del magma. ¿El resultado? El oxígeno es “robado” de las rocas y se combina con el hidrógeno para crear moléculas de agua en grandes cantidades.
El experimento contradice las nociones existentes sobre la formación de agua en exoplanetas sub-Neptuno. Estos exoplanetas sub-Neptuno solo se encuentran más allá de nuestro sistema solar. Tienen radios 2-4 veces más que los de la Tierra y son uno de los tipos de planetas más comunes en la Vía Láctea. Las observaciones de la misión Kepler de la NASA, por ejemplo, han mostrado muchos sub-Neptunos orbitando cerca de sus estrellas.
“Este trabajo demuestra que se crean grandes cantidades de agua como una consecuencia natural de la formación de planetas”, afirmó Anat Shahar. Según los resultados, cerca del 18% del peso de los materiales iniciales se transformó en agua durante los experimentos. Esto significa que los planetas que orbitan cerca de sus estrellas, donde antes se pensaba que el calor evaporaría cualquier rastro de humedad, podrían esconder inmensos reservorios hídricos en su interior o bajo sus densas atmósferas.
Este descubrimiento es un “giro de guion” para la astrobiología. Si el agua es un “ingrediente de serie” y no un extra que debe llegar por azar, las probabilidades de encontrar mundos habitables en nuestra galaxia se multiplican exponencialmente. Ya no solo buscamos planetas que tuvieron la “suerte” de ser bombardeados por cometas, sino mundos que, por su propia naturaleza geológica, están destinados a ser húmedos.
Con información de Carnegie Institution for Science.

