Una empresa europea aceleró un proceso geológico de millones de años para transformar el dióxido de carbono de origen industrial en minerales sólidos y útiles a gran escala.
Imagina que pudieras tomar el humo invisible que sale de las fábricas y, en lugar de dejar que caliente el planeta, lo convirtieras en polvo de roca para construir edificios o fabricar papel. Suena a alquimia moderna, pero es exactamente lo que la empresa Paebbl está logrando a gran escala. Su objetivo no es solo capturar el carbono, sino darle una nueva vida útil.
El concepto central aquí es la mineralización de carbono. En la naturaleza, esto ocurre cuando el CO₂ reacciona con ciertos minerales (como los silicatos) para formar carbonatos sólidos. Es un proceso natural pero es extremadamente lento. Paebbl ha diseñado un reactor que imita este proceso natural pero a una velocidad “acelerada”, permitiendo que lo que a la Tierra le toma milenios, a nosotros nos tome apenas unos minutos.
¿Cómo funciona? El proceso utiliza agua, silicato de magnesio y el CO₂ capturado de fuentes industriales, que son triturados hasta obtener un polvo fino. Luego, dentro de un reactor de alta presión que imita las condiciones de las profundidades de la Tierra, el CO2 reacciona con el magnesio de las rocas para formar carbonato de magnesio sólido. Esta reacción es exotérmica (libera energía) y transforma un gas volátil en un mineral estable y permanente, logrando que el carbono quede “secuestrado” de forma segura en una estructura sólida que no se degradará ni volverá a la atmósfera durante miles de años. El producto resultante es un polvo fino que puede reemplazar hasta el 15% del cemento en el concreto o utilizarse como relleno en la industria del papel.
Marta Sjögren, cofundadora de la empresa, destaca el potencial de esta tecnología: “No estamos simplemente almacenando un residuo; estamos creando un recurso valioso que las industrias ya necesitan”. Esta visión es clave, pues transforma la descarbonización de un gasto necesario en un modelo de negocio rentable. Al integrar el carbono en materiales de construcción, nos aseguramos de que ese gas no regrese a la atmósfera por siglos.
La escala es el siguiente gran reto. Recientemente, la compañía recaudó 25 millones de dólares para abrir una planta piloto en Róterdam, Países Bajos. Esta instalación será capaz de producir toneladas de este material, demostrando que la captura y utilización de carbono (CCU) es una herramienta lista para salir del laboratorio y entrar en nuestras ciudades. La planta piloto, que ya ha superado las 2.000 horas de operación, sigue ofreciendo una producción constante a los clientes mientras la empresa se centra en optimizar su base de costes.
Convertir el problema en la solución es la máxima expresión del ingenio humano. Con tecnologías como esta, el futuro de la construcción podría dejar de ser gris y empezar a ser, definitivamente, mucho más verde.
Con información de Interesting Engineering.

