Caldera del volcán Quilotoa y la laguna contenida en este, se aprecia en primer plano un promontorio que constituye un domo volcánico. Foto: Danny Ayala Hinojosa

Ciertos lagos formados en cráteres volcánicos esconden un fenómeno poco común, fascinante y preocupante: la liberación repentina de nubes de gas invisible que desafían nuestra comprensión de la seguridad geológica.

Cuando pensamos en una erupción volcánica, la imagen inmediata es de fuego, ceniza y estruendo. Sin embargo, existe una variante mucho más discreta pero letal conocida como erupción límnica. Este fenómeno ocurre en lagos volcánicos donde el dióxido de carbono CO2 de origen geológico se filtra desde las profundidades y queda atrapado en el fondo del agua. En lugar de liberarse poco a poco, el gas se acumula bajo una presión inmensa, como si el lago fuera una botella de gaseosa gigante a punto de ser destapada.

En marzo de 2026 un súbito oleaje atemorizó a los habitantes de las orillas, campesinos que viven del turismo y la agricultura, en video captaron la subida y bajada de marea en la orilla, algo no común en esta laguna. Pronto se determinó que el origen de este fenómeno fue un deslizamiento en la cara sureste del cráter que cayó sobre la laguna originando olas, provocado probablemente por las intensas lluvias de esta época del año.

El riesgo latente es que un evento similar detone una erupción límnica. Para que esto ocurra, el lago debe ser meromíctico, un término técnico que describe a los cuerpos de agua cuyas capas profundas y superficiales no se mezclan. El agua fría del fondo, más densa y cargada de minerales, actúa como un sello que retiene el gas. El problema surge cuando algo —un pequeño sismo, un deslizamiento de tierra o incluso un cambio brusco de temperatura— rompe ese equilibrio. En ese instante, el CO2 asciende rápidamente, pierde presión y se expande en una explosión de burbujas que puede generar una nube tóxica en la superficie.

Uno de los casos más estudiados en nuestra región es el de la laguna del volcán Quilotoa, en Ecuador. Con su impresionante color turquesa, el Quilotoa es una caldera activa que emite constantemente gases volcánicos. Los investigadores del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (IG-EPN) monitorean este lago con precisión quirúrgica. Aunque el Quilotoa no ha tenido una erupción límnica en tiempos modernos, la presencia de burbujas constantes y la composición química de sus aguas mantienen a los geólogos en alerta.

“El monitoreo de la temperatura y el flujo de CO2 es vital”, señalan expertos en vulcanología. En lagos como el Nyos en Camerún, un evento de este tipo causó tragedias en los años 80, lo que impulsó la creación de sistemas de desgasificación artificial (tubos que liberan el gas de forma controlada). En el Quilotoa, la profundidad y las condiciones químicas son distintas, pero el principio físico es el mismo. La ciencia busca entender si el volumen de gas acumulado representa un riesgo real para las comunidades cercanas o si el sistema se mantiene en un estado de “eructo” constante y seguro.

Entender estos lagos es fundamental para la gestión de riesgos en los Andes. La belleza del Quilotoa no es solo un atractivo turístico, sino un laboratorio vivo donde la geología nos enseña que la Tierra respira de formas que apenas estamos empezando a descifrar.

Fuentes:

Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (IG-EPN). (2023). Informe de monitoreo volcánico: Laguna del Quilotoa.

Sigurdsson, H. (2000). Encyclopedia of Volcanoes. Academic Press. (

Sánchez, O., & Hidalgo, S. (2018). Geoquímica de fluidos en calderas activas de los Andes septentrionales. Journal of Volcanology and Geothermal Research.

By Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.