Científicos registran por primera vez el parto asistido de un cachalote, revelando una sofisticada red de cooperación social entre ballenas que desafía lo que creíamos exclusivo de los humanos.
El océano nos acaba de entregar una de las escenas más conmovedoras y reveladoras de la biología marina moderna. Lo que durante siglos fue un misterio oculto en las profundidades, ha sido captado en alta definición: el nacimiento de un cachalote (Physeter macrocephalus). Sin embargo, la noticia no es solo el alumbramiento, sino la presencia de un equipo de «parteras» cetáceas que trabajaron en turnos para salvar la vida del recién nacido.
Una sala de partos a cielo abierto
Frente a las costas de la isla de Dominica, el equipo del Proyecto CETI (Cetacean Translation Initiative) fue testigo de un evento estadístico casi imposible. Bajo la supervisión de investigadores como el doctor Shane Gero y la bióloga Dalila Caetano, un dron captó el momento exacto en que una mancha roja —sangre y fluidos— tiñó el azul del Caribe.
Lo que siguió fue una coreografía de solidaridad. Una decena de ballenas rodeó a la madre, conocida como Rounder, en una formación de protección. Tras 34 minutos de labor, la cría emergió al mundo, pero su supervivencia dependía de un hilo: los cachalotes, al ser mamíferos, necesitan respirar aire inmediatamente, y el riesgo de ahogamiento en los primeros segundos es crítico.
La rotación del cuidado: éxito cooperativo
Aquí es donde la ciencia rompe moldes. El estudio, publicado recientemente en la revista Science, detalla cómo el grupo mantuvo a la cría a flote de forma rotativa. Aunque había 11 ballenas presentes, el peso del trabajo recayó en un «comité» de cuatro hembras: la madre (Rounder), su media hermana (Aurora), una aliada sin parentesco (Ariel) y una matriarca anciana.
Estas cuatro ballenas proporcionaron el 96% del apoyo físico, turnándose para elevar al pequeño sobre la superficie. Este comportamiento de asistencia al parto, técnicamente conocido como comadroneo, se consideraba una característica casi única de los humanos y algunos primates superiores.
Rompiendo barreras genéticas
Uno de los hallazgos más impactantes para los científicos de instituciones como la Universidad de Aarhus y el MIT es que la cooperación no se limitó a la familia directa. El grupo estaba compuesto por dos linajes genéticos distintos que, en condiciones normales, no suelen interactuar de forma tan íntima.
«Es una prueba irrefutable de que el tejido social de los cachalotes es mucho más denso de lo que pensábamos», señala el estudio. Mientras las hembras colaboraban, la estructura social excluía selectivamente a Allan, un macho adolescente, subrayando que el parto es un dominio estrictamente femenino y cooperativo en esta especie.
Este hallazgo sugiere que la inteligencia y la empatía en los cetáceos han evolucionado hacia formas de apoyo mutuo que garantizan la supervivencia de la especie ante los peligros del entorno.
Con información de Project CETI.

