Un reciente estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports ha arrojado nueva luz sobre uno de los rituales más impactantes del Imperio Inca: el sacrificio de niños conocido como capacocha.
Gracias a tomografías computarizadas (CT scans), los investigadores lograron analizar los restos momificados de cuatro niñas halladas en los volcanes Ampato y Sara Sara, en Perú, descubriendo detalles que contradicen la visión idealizada de relatos posteriores.
La capacocha era un ritual de gran importancia, vinculado a eventos políticos, desastres naturales y ceremonias imperiales. Los niños eran considerados representantes sagrados de sus comunidades ante los dioses. Estos sacrificios involucraron a niños de ambos sexos de la élite provincial y a jóvenes mujeres del acllahuasi (la casa de las mujeres elegidas dedicada al culto al Sol).
Los cronistas españoles describían a estos pequeños como “ofrendas perfectas”, físicamente impecables y seleccionados con sumo cuidado. Sin embargo, los hallazgos actuales muestran una realidad mucho más dura y dolorosa. Los investigadores descubrieron que los niños sacrificados para apaciguar a los dioses fueron embriagados y drogados hasta un año antes de morir. Las víctimas fueron asesinadas por diversos métodos, como ser enterradas vivas, estranguladas, asfixiadas o golpeadas en la cabeza.
Lo que revelaron las tomografías
Ampato #1 (La Dama de Ampato): no llegó a ser una dama, era una niña de 14 años que murió tras recibir fuertes golpes en la cabeza, tórax y pelvis. Fue apaleada hasta morir.
Ampato #2: tenía apenas 8 años y sufrió una lesión fatal en el cráneo. Además, presentaba problemas de salud crónicos, lo que contradice la idea de que solo niños “perfectos” eran elegidos.
Sara Sara: también de unos 14 años, su cuerpo mostró lesiones similares en la cabeza y signos de estrés físico como calcificación de órganos internos.
Ampato #4: quizá el caso más revelador. Murió a los 10 años por un golpe en la cabeza. Los investigadores encontraron piedras y textiles dentro de su abdomen, lo que sugiere que su cuerpo fue modificado intencionalmente tras la muerte. Incluso hay evidencia de que pudo haber sido enterrada más de una vez, convirtiéndose en la primera niña deliberadamente momificada en este tipo de ritual.

Más allá de la muerte
Los hallazgos sugieren que algunos de estos cuerpos no solo fueron sacrificados, sino que continuaron desempeñando un papel ritual después de la muerte. Ampato #4, por ejemplo, pudo haber sido tratada como los cuerpos de los gobernantes incas, que eran preservados y “consultados” en ceremonias. Esto indica que, en ciertas comunidades provinciales, los niños sacrificados seguían siendo símbolos sagrados incluso después de fallecer.
Los especialistas destacan que estos descubrimientos cambian la percepción sobre la capacocha. “La evidencia muestra que no se trataba de niños perfectos entregados en paz a los dioses, sino de vidas truncadas en medio de dolor y manipulación ritual”, señalan los autores del estudio.
Con información de Journal of Archaeological Science
