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Bacterias utilizadas en microbiología para bioremediación. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala HinojosaBacterias utilizadas en microbiología para bioremediación. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala Hinojosa

Ciertas bacterias de nuestro propio intestino y suelos contaminados han demostrado una capacidad asombrosa para atrapar y neutralizar los PFAS, sustancias tóxicas que hasta ahora se consideraban indestructibles.

En el mundo de la química, existe un villano que parecía imbatible: los PFAS. Estas sustancias, conocidas como «químicos eternos», están en nuestras sartenes antiadherentes, ropa impermeable y hasta en el agua que bebemos. Los PFAS (sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas) son famosos por su terquedad. Poseen uno de los enlaces químicos más fuertes de la naturaleza: la unión entre el carbono y el flúor. Esta «armadura» los hace resistentes al calor, al agua y al paso del tiempo. El problema es que, al no degradarse, se acumulan en el medio ambiente y en nuestros cuerpos, vinculándose con problemas de salud que van desde desajustes hormonales hasta ciertos tipos de cáncer.

Sin embargo, investigaciones recientes han encontrado el arma secreta contra estos contaminantes: grupos de microbios específicos que habitan en nuestro sistema digestivo, pertenecientes principalmente al género Bacteroides.

Los microbios al rescate

Científicos de instituciones como la Universidad de Cambridge y la Universidad de Buffalo han identificado bacterias específicas con habilidades sorprendentes. En el caso del microbioma humano, se descubrió que ciertas bacterias intestinales pueden «secuestrar» los PFAS. En lugar de dejar que estos químicos pasen a nuestra sangre, los microbios los absorben como si fueran esponjas biológicas y los mantienen dentro de sus células hasta que son expulsados de forma segura a través de las heces.

El equipo de la Dra. Lindell detalló que no todas las bacterias son iguales ante el peligro. Su equipo identificó que las especies Bacteroides thetaiotaomicron y Bacteroides uniformis son las «campeonas» en esta tarea. Estas bacterias, que son comunes en un intestino sano, actúan como centinelas: absorben los PFAS (específicamente el PFOA y el PFOS) y los almacenan en su interior, evitando que crucen la pared intestinal hacia el torrente sanguíneo.

«Hemos encontrado que ciertas especies de bacterias intestinales humanas tienen una capacidad notablemente alta para absorber PFAS de su entorno y almacenarlos en grupos dentro de sus células», explicaron los investigadores de Cambridge tras publicar sus hallazgos en la revista Nature Microbiology.

El proceso técnico se denomina bioacumulación intracelular. Los científicos observaron que estas bacterias poseen proteínas de transporte que, por error o adaptación, capturan las moléculas de PFAS. Una vez dentro del microbio, el químico queda «secuestrado».

Otros aliados en el suelo

Por otro lado, en suelos contaminados, se han hallado bacterias capaces de ir un paso más allá: romper ese enlace «irrompible» de carbono y flúor para alimentarse de ellos o transformarlos en subproductos menos dañinos. Este proceso, conocido como biorremediación, utiliza la fuerza de la naturaleza para limpiar el desastre causado por la industria.

Fuera del cuerpo humano, la ciencia también ha puesto nombre a otros aliados. La bacteria Acidimicrobium sp. strain A6 ha sido identificada por el Dr. Peter Jaffé de la Universidad de Princeton como una de las pocas capaces de realizar la defluoración: romper el enlace carbono-flúor. Asimismo, el Dr. Nirupam Aich, de la Universidad de Buffalo, ha liderado estudios con bacterias fotosintéticas como Rhodopseudomonas palustris para limpiar grandes volúmenes de agua contaminada.

La meta de estos estudios es ambiciosa pero clara. Los científicos esperan que, en un futuro cercano, podamos usar suplementos probióticos (bacterias beneficiosas en cápsulas) para proteger a las personas que viven en zonas con alta contaminación de agua. Al mismo tiempo, el uso de estos microbios en plantas de tratamiento de agua podría filtrar estos químicos antes de que lleguen a nuestros grifos.

Aunque todavía queda camino por recorrer para que estas soluciones sean masivas, el descubrimiento de que la vida microscópica puede enfrentarse a los químicos más resistentes de la humanidad es, sin duda, un soplo de aire fresco para el planeta.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.