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Científicos canadienses despliegan de alta tecnología para monitorear los glaciares. La telemetría satelital permite, por primera vez, ver cómo se comporta el Ártico minuto a minuto sin salir del laboratorio.

Hasta hace muy poco, medir cuánto hielo perdía un glaciar era una tarea de titanes y paciencia extrema. Los glaciólogos debían viajar a zonas remotas, clavar varas (estacas de ablación) y regresar meses después para medir manualmente cuánto sobresalían. Si una ola de calor ocurría entre medias, el dato se perdía en el promedio. Pero el equipo del Dr. Dan Shugar en la Universidad de Calgary ha decidido que el siglo XXI no puede esperar a que el hielo se derrita en silencio.

La solución es tan elegante como audaz: estacas inteligentes. Imagina un poste equipado con un sensor ultrasónico que, en lugar de ver, escucha el rebote del sonido contra la superficie del hielo. Al conocer la velocidad del sonido, el sensor calcula la distancia exacta hasta el suelo helado. A medida que el glaciar se funde, la distancia entre el sensor y el hielo aumenta, registrando la pérdida de masa con precisión milimétrica.

El fin del aislamiento glaciológico

Lo que hace a estos dispositivos «aventureros» es su capacidad de supervivencia. Equipados con módulos de comunicación satelital Iridium, no necesitan Wi-Fi ni redes móviles —inexistentes en los picos de Yukón—. Cada dato recogido vuela directamente al espacio y aterriza en los servidores de los investigadores en tiempo real.

Además, estas estaciones incluyen sensores ambientales para medir la temperatura y la humedad. Esto permite a los científicos correlacionar instantáneamente un pico de calor con el ritmo de deshielo, algo vital para entender los «eventos extremos» que los modelos antiguos solían ignorar.

Economía al servicio del clima

Tradicionalmente, una estación meteorológica automática de alta gama podía costar miles de dólares, lo que limitaba su despliegue. El diseño de Shugar y su equipo prioriza componentes accesibles, reduciendo drásticamente el coste logístico y de materiales. Esto permite «sembrar» los glaciares con múltiples centinelas, creando una red de datos mucho más densa y representativa del estado real de nuestros gigantes de cristal.

Con información de The Cryosphere.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.