Cientos de nidos fosilizados revelan que diversas especies de titanosaurios regresaron al mismo punto de la actual Occitania durante milenios para asegurar su descendencia hace 70 millones de años.
En las proximidades de la localidad de Mèze, al sur de Francia, lo que comenzó como una excavación rutinaria se ha transformado en uno de los archivos paleontológicos más densos de Europa. Un equipo de investigadores franceses, bajo la supervisión del Musée-Parc des Dinosaures, ha desenterrado una «capa de vida» que contiene cientos de huevos de dinosaurio perfectamente conservados. Los expertos estiman que, bajo el sedimento arcilloso de la zona, podrían ocultarse miles de ejemplares adicionales. El hallazgo fue confirmado por Alain Cabot, director del Musée-Parc des Dinosaures de Mèze.
Una maternidad prehistórica
El hallazgo no destaca solo por la cantidad, sino por lo que revela sobre el comportamiento social de estos gigantes. Los huevos, en su mayoría esféricos, pertenecen principalmente a los titanosaurios, un grupo de saurópodos herbívoros conocidos por sus cuellos kilométricos y su tamaño colosal. Sin embargo, la presencia de cáscaras con distintas morfologías indica que al menos tres especies diferentes compartieron este espacio de anidación.
«No estamos ante un evento aislado, sino ante un territorio de cría recurrente», explican los científicos vinculados al proyecto. El análisis geológico sugiere que, hace 70 millones de años (Cretácico Superior), esta región era una llanura tropical húmeda sometida a inundaciones periódicas. Este entorno funcionaba como una incubadora natural: el lodo y la arena protegían los nidos de los depredadores y mantenían una temperatura constante, actuando como una manta térmica mineral.
Pero los titanosaurios no fueron los únicos habitantes de esta maternidad. Los paleontólogos también identificaron huevos asociados a Rhabdodon priscus, un dinosaurio herbívoro más pequeño, y a una nueva especie denominada Prismatoolithus caboti. Durante más de 30 años, los investigadores han encontrado también fósiles de gran valor, incluidos huesos de tortugas, cocodrilos y peces, permitiendo reconstruir una escena de esta región durante el cretácico.
Ciencia bajo el lodo
La extracción ha sido una carrera de obstáculos contra el clima. Los paleontólogos, liderados por figuras como Damien Boschetto —quien anteriormente descubrió un esqueleto de titanosaurio casi completo en una zona cercana—, han tenido que luchar contra intensas lluvias invernales que convertían el yacimiento en un barrizal intransitable.
A pesar de los desafíos, los resultados son asombrosos: Más de 100 huevos extraídos en la fase inicial, con proyecciones de miles en estratos inferiores. Las microestructuras de las cáscaras están tan intactas que permitirán comparar estrategias reproductivas entre especies mediante análisis de Carbonato U-Pb (datación absoluta).
Este descubrimiento descarta la idea de que los dinosaurios depositaban sus huevos al azar. Al contrario, demuestra una fidelidad al sitio de anidación que recuerda a las actuales tortugas marinas o aves migratorias, consolidando a Francia como el epicentro de la «dinomanía» científica en el siglo XXI.
Con información de Musée-Parc des Dinosaures.

