Un pez no descrito del género Pseudoliparis fue hallado por una expedición conjunta de Australia y Japón registra, mediante sistemas de video autónomos y capturas físicas, así como peces caracol a una profundidad récord de 8,336 metros.
En el corazón de la zona hadal, donde la luz solar es un recuerdo inexistente y la presión hidrostática equivale al peso de 1,600 elefantes, la ciencia ha logrado un hito sin precedentes. Un equipo liderado por el profesor Alan Jamieson (Minderoo-UWA) y el profesor Hiroshi Kitazato (TUMSAT) ha documentado la presencia de un pez caracol del género Pseudoliparis, desconocido hasta ahora, a una profundidad exacta de 8,336 metros en la fosa de Izu-Ogasawara.
Este organismo, un juvenil de aspecto translúcido y gelatinoso, carece de escamas y de vejiga natatoria —órganos que colapsarían bajo tal presión— y utiliza una capa de tejido especializado para mantener su integridad estructural. A diferencia de las especies abisales de la fosa de las Marianas, que aparecen de forma solitaria en los límites de los 8,000 metros, las poblaciones en las fosas japonesas han mostrado una abundancia inesperada.
Un hallazgo igualmente significativo fue la observación de ejemplares de Bassozetus sp. Este género pertenece a la familia de los ofidiformes y es morfológicamente opuesto al pez caracol. Mientras que el pez caracol es gelatinoso y carece de escamas, Bassozetus presenta un cuerpo alargado, similar a una anguila, cubierto por una piel delicada pero estructurada. En la fosa de Izu-Ogasawara, estos ejemplares fueron captados por los landers «Flere» y «Closp», demostrando que la vida compleja a estas presiones no es exclusiva de una sola familia taxonómica.

El límite de lo biológicamente posible
El hallazgo no solo es un récord de navegación para los landers «Flere» y «Closp», lanzados desde el buque DSSV Pressure Drop, sino una confirmación de modelos bioquímicos. Los científicos sostienen que el límite teórico para la supervivencia de los peces se sitúa entre los 8,200 y 8,400 metros; más allá, las proteínas celulares no podrían mantener su estructura tridimensional.
Además de las grabaciones, la misión logró capturar físicamente dos ejemplares de Pseudoliparis belyaevi en la fosa del Japón a 8,022 metros, siendo los primeros vertebrados recuperados a más de ocho kilómetros de profundidad. Este éxito metodológico permite estudiar las adaptaciones genéticas que permiten a estos «caballeros del abismo» prosperar en un entorno que, hasta hace poco, se consideraba biológicamente infranqueable.
En las fosas de Japón, Ryukyu e Izu-Ogasawara, los científicos han identificado al menos 108 grupos distintos de organismos, una diversidad mayor de la que se esperaba en condiciones tan extremas.
Con información de Tokyo University of Marine Science and Technology y University of Western Australia.

