Un ejemplar de Coelodonta antiquitatis de 32,000 años emerge del hielo siberiano con tejidos blandos, pelaje y una joroba de grasa inédita, revelando los secretos de la megafauna de la Edad de Hielo.
El suelo congelado de Siberia acaba de entregar uno de los tesoros paleontológicos más completos de la década. En las orillas del río Tirekhtyakh, investigadores han recuperado el cuerpo de un rinoceronte lanudo joven, apodado el «rinoceronte de Abyisky», cuya preservación desafía el tiempo: mantiene su piel, extremidades y órganos internos prácticamente intactos tras más de 32 milenios de aislamiento criogénico.
Lo que hace a este hallazgo algo excepcional para la ciencia no es solo su estado, sino la presencia de una joroba de grasa de 13 centímetros en su espalda. Imagina este tejido como una «batería térmica» natural; similar a lo que vemos hoy en los bueyes almizcleros (Ovibos moschatus), esta acumulación de lípidos permitía al animal sobrevivir a los inviernos extremos del Pleistoceno, una característica que solo se conocía por pinturas rupestres y que hoy se confirma físicamente por primera vez en un espécimen momificado.
El análisis liderado por el Dr. Albert Boeskorov indica que el rinoceronte murió a los cuatro años de edad. Durante su corta vida, su pelaje experimentó una transición fascinante: de un lanugo suave y claro, similar al de los mamuts bebés, a una capa más oscura y gruesa para resistir el avance del frío. Incluso bajo su piel se hallaron crustáceos microscópicos (pulgas de agua) atrapados en el tiempo, que actúan como bioindicadores de un ecosistema que ya no existe en la región.

El rinoceronte lanudo era uno de los mayores herbívoros de su ecosistema, solo superado por el mamut lanudo. Vagaba por las praderas del norte de Eurasia, pastando junto a otros gigantes de la Edad de Hielo. A pesar de sus similitudes, mamuts y rinocerontes lanudos habitaban áreas distintas. Por ejemplo, mientras que los mamuts lograron cruzar a Norteamérica cruzando el estrecho de Bering, los rinocerontes lanudos nunca lo hicieron. Las razones detrás de estos patrones siguen siendo un misterio para los científicos.
Más criaturas prehistóricas, como el rinoceronte de Abyisky, podrían emerger del permafrost a medida que se explora Siberia. Sin embargo, el rápido deshielo, que puede revelar más ejemplares conservados una vez expuestos al aire, también puede deteriorarlos. Ciertamente, han existido deshielos más rápidos desde el fin de la era de hielo, pero esto combinado con la erosión y migración de biota a las estepas que puede descomponer los restos, resulta una carrera contra el tiempo para encontrar más especímenes.
Por ahora, el rinoceronte lanudo de Abyisky ofrece una rara y detallada instantánea de la vida durante la Edad de Hielo, un periodo que sigue cautivando tanto a científicos como al público.
Con información de Doklady Earth Sciences.

