Un hueso de muñeca de elefante ha emergido tras 2,200 años para confirmar uno de los episodios más audaces de la historia militar: la presencia de los elefantes de guerra cartagineses en el corazón de la península.

La historia de la Segunda Guerra Púnica ha caminado siempre entre la crónica épica y la leyenda. Sin embargo, la arqueología moderna acaba de encontrar una evidencia biológica irrefutable. En el yacimiento de la Colina de los Quemados, un antiguo asentamiento fortificado u oppidum en la actual Córdoba, el equipo liderado por el Dr. Rafael Martínez Sánchez de la Universidad de Córdoba ha identificado un resto óseo que rompe todos los esquemas de la fauna local: el carpo (hueso de la pata delantera) de un elefante.

El hueso fue desenterrado junto al Hospital Provincial de Córdoba durante unas obras en 2020, y es una de las evidencias más sólidas de que los ejércitos cartagineses usaron elefantes de guerra en la península ibérica. En el mismo yacimiento se hallaron doce bolas de piedra de unos once centímetros, proyectiles de artillería, puntas metálicas de máquinas de torsión y una moneda de bronce cartaginesa. Estas evidencias respaldan la historia de la Segunda Guerra Púnica en la que se señala que Cartago utilizó elefantes de guerra, que, entre otras hazañas, atravesaron los Alpes (en aquel periodo de calentamiento natural) para sitiar Roma.

Este hallazgo no es una pieza aislada en un museo de historia natural; es un resto de guerra. La datación por radiocarbono sitúa el hueso hace aproximadamente 2,250 años, coincidiendo con precisión quirúrgica con el avance de las tropas cartaginesas. Las fuentes históricas mencionan un origen númida o africano para estos animales, en contraste con el elefante asiático (Elephas maximus) utilizado por los seléucidas, que medía hasta tres metros en el hombro y presentaba un perfil dorsal convexo y orejas pequeñas. El uso de elefantes como bestia de guerra se originó en el Asia, rastreándose su uso desde el primer milenio antes de Cristo, su primer uso en Europa lo hizo el rey Pirro de Epiro entre 280–275 a.C. El carpo del ejemplar hallado habría pertenecido al contingente de la Segunda Guerra Púnica que se libró en la península ibérica, el sur de Galia (Francia), el Magreb, y la península italiana.

Imaginen el impacto: para los defensores del oppidum ibérico, ver aparecer estos «titanes de carne» junto a la infantería cartaginesa debió ser el equivalente antiguo a un despliegue de una columna de tanques. El hueso, del tamaño de una pelota de béisbol, es el primer vínculo físico e inequívoco de la participación de estos animales en el contexto de un asedio en la Península Ibérica, sacando la gesta de Aníbal de los textos clásicos para situarla sobre el terreno real de batalla.

Con información de Journal of Archaeological Science.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.