Sismólogos han detectado anomalías masivas en las profundidades bajo el Océano Pacífico. Parecen ser placas tectónicas antiguas y se encuentran en zonas donde nunca debieron estar, obligando a replantear cómo se recicla el interior del planeta.
Durante décadas, hemos visualizado el interior de la Tierra como una estructura de capas perfectamente ordenadas, similar a un pastel. Sin embargo, una nueva investigación liderada por el estudiante de doctorado Thomas Schouten, del Instituto Geológico de la ETH de Zúrich, en colaboración con expertos del Instituto de Tecnología de California (Caltech), sugiere que el manto terrestre es mucho más caótico y está plagado de «fantasmas» geológicos.
Utilizando una técnica de vanguardia denominada inversión de forma de onda completa (FWI por sus siglas en inglés), los investigadores han logrado «escanear» el planeta con una precisión sin precedentes. A diferencia de los métodos tradicionales que solo analizan un tipo de onda sísmica tras un terremoto, la FWI interpreta la totalidad de las señales. Es el equivalente geológico de pasar de una radiografía borrosa a una resonancia magnética en alta definición.
El hallazgo más sorprendente se localizó en el manto inferior, bajo el Pacífico occidental. Los datos revelaron una enorme mancha de material donde las ondas sísmicas viajan a velocidades distintas, lo que indica una densidad y rigidez inusuales. Según los modelos actuales de la tectónica de placas, esa región no tiene un historial de subducción (el proceso donde una placa se desliza bajo otra y se hunde). En términos sencillos, es como encontrar restos de un naufragio en medio de un desierto donde nunca hubo mar.
Estas anomalías, descritas por Schouten como mucho más extendidas de lo que se pensaba, abren un debate fascinante. Si no son fragmentos de placas que se hundieron en el pasado, ¿qué son? Una hipótesis sugiere que podrían ser acumulaciones de hierro que han derivado por miles de millones de años. Otra posibilidad es que sean bolsas primordiales de minerales ricos en sílice, supervivientes de la formación temprana de la Tierra que nunca se mezclaron con el resto del manto.
Este descubrimiento no es solo una curiosidad académica. El manto constituye el 84% del volumen de la Tierra y su flujo lento —similar al movimiento del asfalto caliente— es el motor que impulsa los terremotos, la formación de volcanes y el desplazamiento de los continentes. Si existen estas «islas» de material extraño en las profundidades, las teorías sobre cómo se distribuye el calor interno y cómo se generan las plumas mantélicas deberán ser corregidas. La ciencia nos recuerda hoy que, bajo nuestros pies, aún existen mundos hundidos esperando ser comprendidos.
Con información de Scientific Reports.

