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Reconstrucción de la cueva de Nueva Zelanda. Imagen: Paul Scofield (Museo de Canterbury)

Un yacimiento de un millón de años en Nueva Zelanda revela que el caos volcánico y climático ya moldeaba la fauna mucho antes de la llegada del ser humano.

Bajo las colinas de Waitomo, en la Isla Norte de Aotearoa (Nueva Zelanda), un equipo de investigadores de la Universidad de Flinders y diversas instituciones neozelandesas ha abierto una «cápsula del tiempo» geológica. El hallazgo de una cueva con fósiles de un millón de años de antigüedad está reescribiendo la historia evolutiva de la región, destacando el descubrimiento del Strigops insulaborealis, un pariente antiguo del actual y carismático kākāpō.

A diferencia del kākāpō moderno (Strigops habroptilus), que es conocido por su pesadez y su incapacidad para volar, los restos de esta nueva especie sugieren que el Strigops insulaborealis podría haber mantenido la capacidad de surcar los cielos. Este dato es vital: implica que la transición hacia la vida terrestre y no voladora fue un proceso evolutivo posterior, influenciado por un entorno en constante cambio.

Caos volcánico y resiliencia biológica

Durante décadas, la narrativa científica predominante sostenía que la extinción y transformación de la fauna en Nueva Zelanda fue un evento provocado casi exclusivamente por la llegada humana hace unos 750 años. Sin embargo, este estudio demuestra que los ecosistemas ya sufrían disrupciones masivas debido a erupciones volcánicas y cambios climáticos drásticos hace un millón de años.

Las cenizas volcánicas encontradas en el sitio no solo ayudaron a datar con precisión los fósiles de las 16 especies identificadas, sino que cuentan una historia de «reinvención» biológica. Los investigadores señalan que la fauna local fue moldeada por ciclos de extinción y reemplazo natural, un «caos» que precedió por milenios a la influencia antropogénica.

Este descubrimiento no solo es una pieza faltante en el rompecabezas de la historia natural de Nueva Zelanda, sino una lección sobre cómo la vida se adapta o sucumbe ante fuerzas geológicas imparables

Con información de Universidad de Flinders.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.